Inicio Boletín Dominical Catedral DOMINGO IX ORDINARIO (JUNIO 3 DE 2018)

DOMINGO IX ORDINARIO (JUNIO 3 DE 2018)

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PRIMERA LECTURA (Deuteronomio 5,12-15)

«Santifica el día sábado, como el Señor, tu Dios, te lo manda», al terminar la creación de los cielos y la tierra, y después de contemplar que todo lo que había hecho era bueno, el Señor descansó. Ese día se llamó “Shabat”, descanso, y quedó consagrado para la posteridad como un día consagrado por completo al Señor. Estaba prohibido cualquier tipo de trabajo. No se trataba únicamente de un día de ocio, era más bien para dedicar el tiempo a contemplar la grandeza de Dios y su creación y cumplir con las obligaciones religiosas. Para nosotros los cristianos el día que consagramos al Señor es el domingo, pues ese día resucitó Jesucristo. Es cierto que, en nuestros tiempos, especialmente por cuestiones económicas, el domingo se ha convertido en un día más dentro de la semana laboral, pero aun así, es importante reconocer la importancia del lugar que debe tener Dios en nuestra vida, por eso es de suma importancia que en medio de las ocupaciones busquemos reservar un espacio a nuestra relación con Dios, especialmente la Eucaristía, si Dios nos ha dado tanto ¿Qué tanto puede significar una hora en nuestra jornada? Podría significar nuestra salvación.

SEGUNDA LECTURA (2 Corintios 4,6-11)

«Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos», cuántas veces al comprobar que no hemos avanzado mucho en nuestra fe, sino más bien seguimos esclavizados por los mismos pecados, nos decepcionamos y perdemos las ganas de seguir luchando. Es cierto que en muchas ocasiones es precisamente nuestra humanidad la que se convierte en el mayor obstáculo para nuestra santificación. Pero es esta humanidad dañada por el pecado la que el Hijo de Dios ha asumido y redimido. Esta fragilidad nuestra es un recuerdo cotidiano del inmenso amor con el cual el Padre nos ama y que la salvación no es un logro personal sino la gracia que llega a nuestra vida para transformarla. Esta Buena Noticia debe llenarnos de esperanza y a hacer el bien como una forma de amar con el amor con el que Dios nos ha amado primero.

EVANGELIO (Marcos 2,23-3,6)

«El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado», el amor nunca puede contradecir al amor. No podemos “protegernos” con nuestras responsabilidades religiosas para cerrar los ojos a las necesidades de los hermanos que nos rodean. Muy por el contrario, la Eucaristía y la oración nos llevan necesariamente a abrir nuestros horizontes, olvidando incluso en ocasiones nuestras propias necesidades para salir al encuentro de quien nos necesita. Sin embargo, no podemos escudarnos en los otros o en nuestras ocupaciones para dejar de lado este encuentro especial y único con Jesús en la Eucaristía, nada lo sustituye ni siquiera el rezar mucho. Siempre y cuando no haya algún impedimento serio, como alguna enfermedad, la Eucaristía dominical debe ser una cita importantísima en nuestra agenda. Después de todo cuando salgamos, el mundo no habrá cambiado tanto, nosotros sí.

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