Inicio Boletín Dominical Catedral NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (JUNIO 24 DE 2018)

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (JUNIO 24 DE 2018)

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PRIMERA LECTURA (Ezequiel 17,22-24)

«El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, el pronunció mi nombre», cuando Dios elige a alguien para ser su mensajero, lo aparta y lo va preparando para la misión que cumplirá. El profeta tiene como misión principal ser la “voz” de Dios en medio de su pueblo. el profeta tendrá que “anunciar” y “denunciar”; por un lado, recordar al pueblo la voluntad de Dios y, por el otro, señalar el pecado e invitar a la conversión. La fuerza del profeta, lo que lo sostiene y anima, es el Dios que lo ha llamado y lo envía. El mundo de hoy necesita profetas, hombres y mujeres comprometidos con su fe y el bien. Hoy más que nunca, nuestro buen testimonio podría hacer la diferencia, pues ante un mundo que ha olvidado muchos valores esenciales, el profeta debe ser un signo por excelencia de la caridad y la unidad.

SEGUNDA LECTURA (2 Corintios 5,6-10)

«Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia», Juan con humildad cumplirá con la misión de preparar el camino del Mesías, Jesús de Nazaret, no se apropiará de un lugar que no le corresponde, muy por el contrario, llegado el momento y después de presentar al Cordero de Dios se hará a un lado y terminará derramando su sangre como Cristo por una injusticia, así nos lo presenta el Evangelio de Juan: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya». Siempre estará la tentación, sobre todo cuando las voces aclaman, de sentirse el actor principal de la obra de la salvación, Juan nos muestra con su gran testimonio de vida que el verdadero protagonista de esta manifestación de su amor misericordioso es Dios en la persona de su Hijo Jesucristo.

EVANGELIO (Marcos 4,26-34)

Zacarías había perdido el habla por no creer en el anuncio del ángel que le había anunciado un hijo para él y su esposa Isabel, es precisamente cuando reconoce esta gracia que Dios tiene con ellos que recobra la capacidad de hablar, por eso es tan importante afirmar el nombre del niño: «Juan es su nombre». En las culturas orientales, como en todas las culturas antiguas, el “nombre” que se le va a dar al recién nacido es de suma importancia porque así se continuará con la tradición familiar y engrandecerá su honra. El niño tendrá un nombre ajeno a la familia, será una ruptura con lo antiguo y una apertura a la novedad. Este es el papel que jugará Juan el Bautista en la historia de la salvación, su nombre significa «el Señor es misericordioso», manifiesta con fuerza la misión que Dios pondrá en sus manos pues romperá con la visión antigua de un Dios lejano e invitará a todos los corazones dispuestos, a recibir al Mesías, a Jesús el “Dios con nosotros”. El nombre dice mucho de nosotros, es posible que esos nombres raros que elegimos, a veces imposibles de pronunciar, manifiestan la gran confusión por la que pasamos.

Pbro. Luis Alfonso Verdugo Martínez

 

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