Inicio Arturo Soto Están más cerca los dientes que los manifestantes… ¿O cómo era?

Están más cerca los dientes que los manifestantes… ¿O cómo era?

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Las movilizaciones convocadas ayer en varios estados del país en apoyo al presidente Andrés Manuel López Obrador fueron un fracaso, si se comparan con las multitudinarias manifestaciones que vimos durante la campaña electoral.

¿Qué sucedió para que así fuera, considerando que todas las encuestas publicadas en las últimas semanas coinciden en darle al presidente márgenes amplísimos de apoyo ciudadano?

En Ciudad de México, La Jornada reporta “cientos de manifestantes”, que para esa plaza es nada. Y en Hermosillo, un centenar de simpatizantes del tabasqueño se apostaron en la Plaza Emiliana de Zubeldía portando lonas con leyendas de apoyo al presidente.

Aventuro algunas hipótesis con las que el combativo lector, la aguerrida lectora podrán o no estar de acuerdo, pero en todo caso sólo buscan contribuir al debate sobre lo que está ocurriendo con esa gran fuerza que arrasó en las urnas el pasado uno de julio y que a seis meses no apareció por ningún lado.

1.- Los mexicanos no hemos dado el salto de la democracia electiva a la democracia participativa. Las razones por las cuales acudimos masivamente a las urnas podrían ser consideradas entonces, agotadas. Una vez que la coalición se alzó con el triunfo, se ha regresado a la zona de confort dejando todo en manos del nuevo gobierno, que en buena parte ha contribuido a ello con sus anuncios de políticas asistencialistas y clientelares que incluyen apoyos hasta para huachicoleros wanabe.

2.- Si la gente más común que corriente prefirió continuar su agenda cotidiana, y desestimar la manifestación, se entiende en la medida en que, al menos en Hermosillo, sólo excepcionalmente se toma la calle de forma masiva. Pero resulta inexplicable que a la manifestación no hayan acudido los liderazgos formales de Morena y sus aliados, funcionarios en día de asueto, diputados locales y federales, la mayoría de los cuales llegaron a sus puestos de manera inopinada, arrastrados por la marejada del “voto parejo”.

Muchos de ellos están ahora disfrutando de las mieles de la nómina oficial (en ciertos casos, muy jugosa) y nomás por eso deberían haber sacrificado una hora de su domingo a refrendar esa convicción política que los llevó a sumarse a la exitosa campaña morenista. A menos que no se trate de un asunto de convicciones, sino de conveniencias, que no es lo mismo.

3.- Posiblemente se trate de la ficción que fueron los liderazgos locales de Morena, y señaladamente sus candidatos que, salvo excepciones eran y siguen siendo unos desconocidos en sus distritos. Recordemos que durante la campaña no hubo eventos masivos, sino mítines que parecían reuniones vecinales, salvo en los casos, desde luego, en que estuvo presente López Obrador.

4.- Quizás el objetivo de la manifestación (apoyo a la lucha contra el huachicoleo) no tenga, en Sonora, cajas de resonancia suficientemente consistentes, o quizás el poder de convocatoria de los liderazgos que la organizaron haya vuelto a los niveles que tenía antes de la campaña electoral.

Como siempre, la analítica lectora, el documentado lector tendrá la mejor opinión, pero si de lo que se trató fue de mostrar el músculo de la base social de apoyo al presidente, la escuálida manifestación debe ser un serio llamado de atención sobre lo que están haciendo los liderazgos locales.

Y es que no es lo mismo tomar la calle en una mañana de domingo, que cruzarse la carrillera de tuits al pecho y disparar desde el Starbucks potentes arengas, o abastecer el cargador del Iphone con poderosos mensajes en feisbuck, ametrallando desde el sofá de la sala a cuanto derechairo ose tocar con el pétalo de una crítica al presidente de la República.

Concluyo: no creo que las manifestaciones callejeras de ayer sean un parámetro adecuado para medir la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, que sigue siendo muy alta, pero sí se acerca mucho a un criterio más o menos objetivo para medir el nivel de hueva de los que decidieron quedarse en casita, sobre todo porque ya mañana es quincena y están más cerca los dientes que los asistentes… ¿o cómo era?

II

Hoy se despejará el velo de misterio y se abrirá el verdadero telón de las hostilidades a propósito del espinoso asunto de la concesión del alumbrado público en Hermosillo.

Lo que hasta ahora habían sido sólo escarceos y fintas entre el gobierno municipal y las empresas que operan (entre zancadillas y piquetes de ojo) el servicio, tendrá un nuevo episodio cuando la alcaldesa Célida López y su equipo de asesores revelen las condiciones, montos, incumplimientos, adeudos y demás, que los traen a maltraer y los pusieron en el predicamento de cancelar la concesión, lo cual implicaría una erogación de unos mil millones de pesos, que es como la cuarta parte del presupuesto anual de Hermosillo.

Las partes en conflicto han velado armas y la atención estará centrada este día en lo que tenga que decir la alcaldesa, así como en la respuesta que den los concesionarios.

Por cierto, en otro tema, así como criticamos el uso de los colores partidistas de Morena en los camiones recolectores de basura, aprovechando una laguna legal en el acuerdo sobre los colores institucionales del Ayuntamiento, es obligado reconocer que un nuevo camión, donado por el patronato del centro de la ciudad fue pintado con el institucional naranja.

Bien por la alcaldesa Célida López que, insisto, no tiene por qué abrir más frentes innecesarios, no se le cae nada y no es menos valiente si se apega a la normatividad o se abstiene de buscar vericuetos leguleyos para torcerla.

Ojalá mantenga esa actitud y los 30 camiones que están por llegar al ayuntamiento por la vía del arrendamiento puro, sean rotulados con los colores del ayuntamiento y no con los de su partido, algo que a la larga resultó contraproducente para quienes lo hicieron en el pasado.

Como la cultísima lectora, el operístico lector saben, lo mío, lo mío, es el bel canto. Sin embargo, dejaremos el relato del éxito que fue el Festival Alfonso Ortiz Tirado en cuanto a la cartelera y el extasiado disfrute del público asistente, en manos de los más especializados.

Primero que nada, porque no fuimos convocados, y “segundo que nada” (dijo Gastón González Guerra) porque los reportes que tenemos van en el sentido de que el equipo comandado por Mario Welfo Álvarez sacaron la chamba de manera más que decorosa, remando incluso contra campañas negras, fake news y las disonancias entre quienes sostienen que el Festival debe mantenerse como un foro para las elites y quienes buscan construir propuestas para las coincidencias entre los amantes de la ópera como género de música teatral, y manifestaciones de la cultura popular o de masas.

Debo apuntar que las veces que me ha tocado asistir a este festival, no fue raro encontrar en la plaza, bailando a ritmo de bachata o cumbia colombiana, a algunas sensibilidades extasiadas con tenores y mezzosopranos. No todos, cierto, pero sí algunos.

Palomita también para David Anaya Cooley, secretario de Seguridad Pública, que diseñó un operativo que derivó en un saldo blanco, lo cual no es poca cosa, considerando todo lo que se vive en esos días en la colonial Álamos, cuya infraestructura y oferta hotelera y de servicios sigue siendo insuficiente para albergar a decenas de miles que se dan cita a este festival.

Y es precisamente en esa lógica que se debe destacar la inauguración del Centro de Convenciones de Álamos, un espacio para la realización de grandes eventos culturales, deportivos y sociales, con capacidad para 5 mil 500 personas.

Y es que Álamos es, año con año, sede del festival cultural más importante del noroeste de México y desde hace años le urgía un espacio como este, en el que se invirtieron 78 millones de pesos para construir una obra arquitectónicamente armónica con el entorno de esa ciudad colonial.

En su primer año como gobernadora, Claudia Pavlovich anunció el inicio de este que fue uno de sus compromisos de campaña y que hoy es ya una realidad que vendrá a potencializar los atractivos turísticos que de por sí tiene, y a granel, aquella región del profundo sur sonorense. Bien ahí.

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