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Crónicas para la historia (No. 58).- Amenazado de muerte el estadio Tomás Oroz Gaytán.-

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Crónicas para la historia (No. 58).- Amenazado de muerte el estadio Tomás Oroz Gaytán.- Con frialdad, el Gobierno del Estado se dispone a arrancarle a la ciudad un referente histórico, como ya lo hizo con escuelas emblemáticas, una de ellas, la Calleja, con 88 años.- ¿Por qué no convertir el TOG en gran centro cultural, que albergue un museo sobre la fundación de Cajeme?

Bernardo Elenes Habas

Poco a poco, Ciudad Obregón pierde su raigambre, su rostro histórico.

Antigua catedral de Cd. Obregon

La cabecera de Cajeme, Municipio que cumplió 91 años en noviembre pasado, es sometida impunemente no a la piqueta de la modernidad, sino a remodelaciones improvisadas bajo el pretexto de daños estructurales en algunos de sus edificios señeros, supuestamente como consecuencia de movimientos telúricos, aunque estos han sido de baja intensidad.

La antigua catedral del Sagrado Corazón de Jesús, que se ubicaba en las cercanías de Palacio Municipal, fue demolida en 1977, pese a su antigüedad, ya que su construcción databa de principios de 1930, para dar paso al templo actual en las calles 5 de Febero y Allende.

De ese edificio solamente se salvó la Torre del Campanario, que ahora se yergue solitaria, como perenne recordatorio a la conciencia de autoridades eclesiásticas y feligresía, de que el templo sacrificado no representaba mayor importancia para nadie, porque no se le dio ni se le respetó su valor histórico y hasta sentimental, por parte de quienes ahí celebraron los bautizos de sus hijos, primeras comuniones, quinceaños, bodas, o bien, dieron el último adiós a sus muertos entre el humo de incienzo y el aroma de las flores…

Cayeron escuelas emblemáticas

Durante el mes de julio de 2018, cayeron escuelas de noble tradición en la ciudad, comisarías y comunidades del Valle del Yaqui.

Planteles emblemáticos, algunos de ellos casi de la edad del Municipio, como la primaria Carlos M. Calleja, que sucumbió ante el poderio del Gobierno Estatal y

Escuela Calleja

enormes trascabos, a sus 83 años de permanencia albergando a generaciones y generaciones de niños y convertida en un referente histórico del proceso educativo de la comunidad.

Así, sucumbieron también, la primaria Fernando F. Dworak, con 74 años; la Presidente Alemán, la colonia Benito Juárez (antiguo Plano Oriente),71 años; Recursos Hidráulicos, 63 años, ubicada en la colonia Cumuripa; secundaria José Rafael Campoy, 83 años, entre otras más.

En lista de espera el estadio TOG

Hoy, con frialdad política, el Gobierno de Sonora encabezado por Claudia Pavlovich, anuncia el proceso de compra-venta del estadio de beisbol Tomás Oroz Gaytán, construido en 1971 durante la administración gubernamental de Faustino Félix Serna (1967-1973), como la cistalización de un proyecto de su tesorero, Tomás Oroz Gaytán, que amaba el deporte, especialmente el beisbol, quien murió en un accidente automovilístico en enero de 1973, y para honrar sus memoria se impuso su nombre al gigante de la calle Guerrero.

Secundaria José Rafael Campoy

¿Qué sucederá con ese espacio, luego de su venta?

Quizás sea demolido para dar paso, por la ubicación privilegiada del terreno, a algún deslumbrante centro comercial, tal vez de capital extranjero.

Pero, sin duda, se trata de pequeñeces para quienes detentan el poder público, para quienes la historia de una comunidad, sus puntos clave que conforman el tejido de su historia, porque no encuentran otras formas de solventar la problemática económica del ISSSTESON, complejo médico-asistencial de trabajadores del Estado, al que dejaron quebrado funcionarios de la administración de Guillermo Padrés, señalándose con insistencia a quien fuera directora del mismo, la ex diputada federal Teresa Lizárraga.

Y aunque existan otras alternativas para solventar el caso del ISSSTESON, prefieren, quienes son parte del lento engranaje de la burocracia, el facilismo, sin importar el daño que pueden causarle a una comunidad.

El alcalde Mariscal, lo pide en comodato

Ya desde el inicio de su administración (septiembre de 2018), el alcalde de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal Alvarado, gestiona, ante el Gobierno del Estado, le sea entregado el inmueble en comodato al Ayuntamiento, construcción apreciada como referente histórico, y considerándolo como herramienta estratégica para el desarrollo social y atracción del turismo e inviersión para el Municipio.

“Se trata –ha dicho- de preserevar este espacio que ha servido a la comunidad por más de medio siglo, el Tomás Oroz Gaytán es un estadio que los cajemenses

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consideran suyo, es por ello que no sólo presenté la solicitud ante la Mandataria Estatal, sino que pluralicé el própósito social a la Secretaría de Hacienda y a Bienes y Concesiones del Estado, pues a la fecha pocos saben que el inmueble es propiedad del Gobierno Estatal”.

¿Por qué no convertir el TOG en un centro cultural?

El 23 de marzo de 2018, dejé asentado en mis Crónicas para la historia No. 14, la importancia de pensar en convertir el TOG en un gran centro cultural.

Y en ese texto, que junto con otros más (actualmente suman 58) se convertirá en libro, expresé lo siguiente:

La esencia de hechos y circunstancias que forjen sociedad y Gobierno, en bien de las generaciones actuales y futuras, tendrán que ser parte de la historia, por razones naturales.

La memoria comunitaria guardará como acontecimientos trascendentes, las decisiones que se tomen para preservar las raíces de Ciudad Obregón, remarcando el nacimiento de un poblado valiente, corajudo y progresista, que ha sabido siempre defender su heredad colectiva y luchar contra las injusticias.

El próximo noviembre, Cajeme cerrará 91 años en el devenir de su fundación como Municipio. Los hombres y mujeres que le dieron trazo y vida, serán recordados en actos insignes de gratitud colectiva, como sucede año con año.

Madurarán en la memoria colectiva, 91 años en que Cajeme se erigía como Municipio, luego de haber dibujado en el paisaje agreste desde 1907, su silueta contra el horizonte de lo que ahora es Plano Oriente (colonia Benito Juárez), con una casita de madera y un tinaco, parte visible del pozo ahí perforado, que abastecía de agua a las máquinas del ferrocarril que llegaban anunciando el progreso, primero a Estación Corral, luego a la recién inaugurada Estación Esperanza y siguiendo hacia el sur, pa

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sando por estas latitudes aún inhóspitas.

Cierto, poco a poco se marcharon dormidos entre aromas rurales de oraciones y recuerdos, los viejos de aquellos tiempos, quienes, con voces llenas de eternidad,

relataban cómo hacia 1912, se construyó otra vivienda más, un embarcadero, un expendio de bebidas y de artículos de cuero, un almacén para pasturas, en lo que sería el primer núcleo de un Cajeme portentoso, abierto a los horizontes.

De esta manera, para 1923, esa semilla emergió silvestre desde la tierra virgen del Plano Oriente, para erigirse como Congregación, luego, en 1925, alcanzó nivel de Comisaría, con 450 habitantes, apuntando hacia el futuro. Y en 1927, por fin, un 29 de noviembre que huele a júbilo y distancia, se decretó la Ley Número 16, publicada en el Boletín Oficial al día siguiente, 30, erigiendo a la Comisaría rural, de calles desnudas y cielo límpido por donde cruzaban las aguilillas y otras parvadas silvestres, en Municipio Libre.

Cajeme es amalgama de sueños y realidades. De nombres de lugareños y extranjeros en su fundación prodigiosa. Pero también de manos y sentimientos anónimos que sembraron su sangre y sus vidas, como cimiento vivo de un pueblo que aprendía a fortalecer sus espigas de luz. A construir su crónica de hoy y del futuro.

Preservar la historia

La historia, pues, es estricta y no admite concesiones.

Por eso, mientras más años se acumulan en el caudal de la fundación de Cajeme, más crece el recuerdo de quienes lo construyeron con vocación limpia que solamente la gente de pueblo sabe preservar. Gente, familias que se marcharon hacia el horizonte. Con su paisaje a cuestas. Con su bagaje de sueños calcinados por los soles de agosto, con los relatos escritos por el tiempo y la vida en sus rostros y en la piel del alma.

Tengo cierto que las autoridades municipales de ayer y de ahora, en su vertebración administrativa, se han esforzado y se esfuerzan en reconocer a esos hombres y mujeres que permanecen en el olvido, y que no están representados en la formidable estatua a Los Pioneros, ni en las placas con nombres grabados que subsiste en Palacio Municipal.

Creo que ese reconocimiento podría ser la creación de un museo que se constituya en semilla y flor de Cajeme. Donde estén vigentes las aportaciones en fotografías, aperos de labranza, armas, utensilios de cocina, muebles, y tantos objetos que fueron parte del ayer, y que hoy servirían de lección viva para las nuevas generaciones.

Es preciso que la memoria de Cajeme no se extinga.

Es necesario que los niños y jóvenes de hoy y de mañana, sepan que en los cimientos de la comunidad hubo gente que contribuyó a darle rumbo a sus raíces. Trazó calles, construyó escuelas, hospitales. Abrió torrentes de alegría con su música, su genio, su solidaridad humana, sin lograr más fortuna que la satisfacción de haberle dado vida al pueblo que creció, se convirtió en Congregación, Comisaría, Municipio, núcleo de una gran ciudad, moderna y avizorando el futuro.

¿El TOG, gran Centro Cultural?

¿Por qué no lograr que las actuales y las autoridades que vienen, siembren y hagan florecer la semilla de una obra señera que se convierta en puente dispuesto a definir el horizonte pretérito del terruño hacia el futuro; para que en él se refleje la capacidad de asombro de las actuales y de las nuevas generaciones, y sepan, comprendan, de dónde vienen y para dónde van?

Hoy, cuando se convierte en debate entre los cajemenses la decisión del Gobierno del Estado al buscar desprenderse del estadio de beisbol Tomás Oroz Gaytán (igualmente el Héctor Espino, de Hermosillo) poniéndolo en venta como alternativa encaminada a

resarcir el quebranto en que sumió la administración pública de Guillermo Padrés (2009-2015) al ISSSTESON, cuando pasó por la dirección de tan importante instituto de salud para los trabajadores del Estado, la actual diputada federal Teresa Lizárraga, volviendo humo -de acuerdo a investigaciones de la Fiscalía Anticorrupción-, 4 mil millones de pesos del fondo de pensiones, en cuyas arcas, ahora, solo navegan 148 millones, se escucha el descontento ciudadano.

-¿Por qué no obligan a Guillermo Padrés y quienes fueron sus colaboradores, entre ellos Teresa Lizárraga, a que devuelvan el dinero mal habido y de esa manera no atenten contra el patrimonio deportivo y cultural del pueblo?

Me dijo un ciudadano indignado, cuando me vio la tarde del jueves 22 de marzo, imprimiendo gráficas del Tomás Oroz, sabedor del destino previsto para el edificio, que quizás sea demolido por sus posibles compradores.

La ubicación del TOG es magnífica. Se yergue majestuoso por la calle Guerrero al poniente, cercano a la emblemática Laguna del Náinari, con excelente vialidad y medios de transportación. Pero el gigante vive, tal vez sus últimos días, esperando se cierre la compraventa para enfrentar un destino fatal e injusto.

Por ello, ¿no sería trascendente y un acto de justicia para los cajemenses, que esa monumental obra forjada durante la administración del gobernador Faustino Félix Serna (1967-1973), con la operatividad y pasión por el beisbol demostrada por su Tesorero, Tomás Oroz Gaytán, cuyo nombre le fue impuesto al estadio en su memoria, luego de su trágico fallecimiento en 1973, se convirtiera en un gran Centro Cultural?

En esos días de la muerte de don Tomás, el periodista y poeta Bartolomé Delgado de León, dejó su testimonio de agradecimiento y admiración por el distinguido cajemense, padre de la ex diputada local y federal María del Rosario Oroz Ibarra, con bello puñado de versos, publicados en su columna de Tribuna del Yaqui, resaltando su pasión por el deporte y su preocupación por heredar a las nuevas generaciones espacios dignos:

“Querías un parque para cada niño./ Un juego, una pelota,/ un ir y no volver./ Querías que cada joven dejara la taberna/ y anclase en medio llano/ sediento de correr./ (No concebías/ al mundo sin deporte ni alborozo/ y sin la plena floración del alma./ Y no creías/ que este mundo pudiera levantarse/ sin el juego vital de la esperanza…/ Esta tarde, Señor, estoy tan triste,/ tan lleno de dolor,/ tan a distancia,/ que no entiendo, ni sé, ni busco nada/ sin él…”.

Y ese Centro Cultural, contaría con un museo que se constituiría en ventana abierta hacia una realidad de esfuerzo y trabajo que ayer fue. Espejo fragmentado de acontecimientos y luchas. De anhelos y emociones. De testimonios, para que en sus caminos los niños, los jóvenes actuales y los que vendrán, definan la consistencia de sus huellas. La estructura colectiva de su estirpe. El río de la vida que no cesa, y que demanden su acta de identidad, para que sepan aquí y proclamen ante ellos mismos y el mundo su raigambre, la forma como nació este pueblo, su pueblo, nuestro pueblo…

Pero además, considerando las proporciones del estadio, habría espacio para salas de exposiciones plásticas y de artesanías yoremes; un auditorio multifuncional; y, al aire libre, una explanada ceremonial para que las etnias maravillosas trasciendan hacia los ojos y la inteligencia ávida de las familias, con sus tradiciones señeras, sin olvidar, por supuesto, la alternativa del deporte.

La historia, las tradiciones constituyen el alma de los pueblos. En ellas radica su visión de eternidad, cuando se preservan. O bien, se exponen al recuerdo tatuado en humo, capaz de borrarse fácilmente del sentimiento de la gente… Y Ciudad Obregón, merece, hoy y siempre, preservar su memoria, más allá de operaciones mercantiles y gubernamentales.

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