Inicio Hector Alejandro de Anda Cortez La moral selectiva

La moral selectiva

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“Tengo buena memoria. Solo recuerdo lo que me conviene”. Frase popular. 

LO CLARO. Los foros, las ponencias, mesas de análisis llevan un compromiso social: formar ciudadanía. Establecer criterios y fomentar valores que nos culturicen y aporten mejoras como metas primordiales.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas llevó a cabo mesas de debate estudiantil inter facultades, que despertó el interés de propios y de la sociedad en general.

Temas sensibles que promueven el unificar criterios para encontrar soluciones adecuadas desde quienes hacen gobierno. Así, el coloquio enfocó sus prioridades al debate en asuntos como “Delincuencia ¿culpa del gobierno o responsabilidad de todos?”; otros más fueron la equidad de género, imagen pública, diversidad racial, sexual, cultural, que dieron sendas conclusiones en la formación de valores y la fundamental participación social colectiva. Buen ejercicio. 

LO OSCURO. Hilario Ramírez Villanueva es el empresario ‘manguero’ de Huaristemba, metido a la política como alcalde en San Blas y contendiente perdedor por la gubernatura de Nayarit.

Su ‘harta popularidad’ a nivel mundial, la alcanza tras reconocer con desfachatez a pregunta inocente de un reportero “Si, robé… pero poquito”. Layín agregaba “fue poquito, porque está bien pobre (las arcas municipales) nomás fue una rasuradita. Pero lo que con ésta mano me robaba, con la otra se lo daba a los pobres”.

Tal fue su éxito, que además de obtener un premio como mejor alcalde en 2014, su postulación a la gubernatura nayarita alcanzó el tercer sitio por detrás de la coalición del PAN y la coalición del PRI, con propuestas como acabar con lujos y privilegios de funcionarios públicos; inclusión de los ciudadanos en las tomas de decisiones de gobierno; convertir la casa de gobierno en un hospital para discapacitados.

Puede –o no- ser la historia del ‘que robó poquito’, el mejor ejemplo para discernir la doble moral que nos acusa a todos los mexicanos, al traer a colación el tema de honestidad y transparencia.

Porque igual encontraremos escollos en aquél que atreva a arrojar la primera piedra. Llámese izquierda, centro o derecha del espectro político.

Justificando por igual a quien defiende con pundonor su estrategia de combate a la delincuencia, con el uso de las fuerzas armadas y con resultados colaterales que enlutaban a familias enteras a quienes los gobernantes llamaban ‘son los menos’.

O escándalos bobos como compras de toallas que suscitaban explicaciones absurdas.

De nueva cuenta, los mexicanos en general tenemos la oportunidad de encumbrar la honestidad y la integridad tanto de quienes hacen la función pública, como de la sociedad en general. Con mecanismos que hemos dispuesto entre ambos para contrarrestar la desigualdad y la marginación que la corrupción entrona al ser uno de los primeros causales de la desmedida concentración de riqueza en unos cuantos.

Pero los enfoques subjetivos, seguirán siendo un factor a observar.

Desde la sociedad creemos que a quienes se debe castigar y sancionar, es a los grandes estafadores del erario público, que presumen el amasar fortunas sin castigo y con perdón y olvido.

En cambio vemos como natural y permitido, el otorgar dádivas y mordidas para obtener descuentos, permisos, contratos, favores y pequeños privilegios.

También la moral de la izquierda en funciones, requiere de mayor atención. Donde una licencia otorgada a un fifí, demanda un castigo de cárcel; pero el mismo favor a un mexicano adherido a la 4T, le viene de derecho.

La compra de pipas para acarreo de combustible merece una explicación más amplia que “por razones de seguridad nacional”.

COLOFÓN: El personaje más conocido de Colombia, Pablo Escobar, atinaba a decir “En un mundo de hipócritas, los sinceros somos los malos”.

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