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Crónicas para la historia (No. 68).- Desde Cajeme, se siembran nuevos rumbos productivos para México.-

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Crónicas para la historia (No. 68).- Desde Cajeme, se siembran nuevos rumbos productivos para México.- El objetivo, alcanzar la autosuficiencia alimentaria en el país.- “A partir de aquí, vamos a mandar un gran mensaje de una agricultura con visión diferente”, dijo Víctor Villalobos, titular de SADER 

Bernardo Elenes Habas

La mañana del 20 de marzo de 2019, se abrió una importante página en la historia de Cajeme: la firma de documentos mediante los cuales se transfiere parte del Centro de Usos múltiples, para dar paso a la instalación de las oficinas centrales de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).

Participaron en esa ceremonia, la gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich Arellano y el secretario de SADER, Víctor Villalobos Arámbula, teniendo como testigo de honor al alcalde de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal Alvarado.

Se daba cumplimiento así, a un compromiso de campaña del ahora presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien puso énfasis al trazar su Proyecto de Nación, en descentralizar instituciones claves para acercarlas y ponerlas al servicio de la gente, sin distingos.

El núcleo productivo se constituyó en esencia de ese movimiento transformador, porque implica el reto de la autosuficiencia alimentaria del país en granos como maíz, frijol, trigo, arroz. Y, por supuesto, la región del sur de Sonora con su profunda vocación agrícola, estuvo desde entonces en la mesa de las alternativas, con epicentro en el Valle del Yaqui, otrora considerado Granero de México.

Se prevé que con el funcionamiento de las oficinas de la SADER en la ciudad, donde se brindará atención especializada a los productores agrícolas del país, vendrán aparejadas alternativas para el crecimiento económico y social de Cajeme, con el arribo de personas de diferentes partes del país a gestionar asuntos relacionados con la productividad, propiciando ocupación hotelera y la ampliación de la conectividad área que beneficiará a la región, entre otros aspectos.

Breve, la intervención de Villalobos Arámbula, en la ceremonia que condujo el comunicador Benjamín Pérez Díaz, pero dejando caer en la tierra fértil del Valle,

una semilla promisoria, capaz de atender, también a quienes, con parcelas mínimas dejan la sombras de sus sueños sobre los surcos, o tienen que recurrir a rentar sus patrimonios para sobrevivir, con una visión diferente. Así interpretan sus conceptos quienes tienen oídos y alma para sentir, cuando habla de reconocer las necesidades de todos los productores:

“A partir de aquí, vamos nuevamente a mandar el gran mensaje de una agricultura con una visión diferente, una agricultura más productiva, una agricultura, sin duda, más responsable desde el punto de vista ambiental, pero también una agricultura que reconoce la necesidades de todos nuestros productores”.

Estuve en esa ceremonia para escribir la crónica de la transferencia, acto que sin duda tiene matices que en un futuro no lejano se convertirán en parte de la historia de Cajeme, porque desde ahora se percibe, ciertamente, una nueva visión en la esencia productiva de la región, conjugando los esfuerzos de los muchos, para dejar atrás la prevalencia tradicional de los pocos; pero también, comienzan a brotar los contrapesos, como se advierte en otros discursos, en otras formas de sentir que recorren los campos, y a través de los cuales se perciben los claroscuros de la política, y las resistencias a los cambios.

Sader en Cajeme 5

El Valle del Yaqui, fue, ciertamente, escenario de la tercera transformación con la decisión histórica y nacionalista de Tata Lázaro afectando latifundios, principalmente extranjeros en 1937, donde personajes como El Machi López, Ramón Danzós Palomino, Jacinto López y el mismo Vicente Lombardo Toledano, tuvieron mucho que ver con la construcción de ese puente que buscaba trascender a la igualdad, a la justicia social. Pero los tiempos, los sexenios, los intereses, el germen salvaje de la corrupción, acabaron con la visión del México profundo y justo con el que soñaba el general Cárdenas del Río.

Después, vendría otro reparto, aunque más ilusorio -1976, con Luis Echeverría Álvarez-, también arrasado por los intereses políticos y económicos, que pulverizaron ese remedo de sueño; y siguieron, sexenios posteriores, las reformas perversas al Artículo 27 Constitucional durante el mandato de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), que despojaría a las parcelas de su esencia comunal, para hacerlas susceptibles de entrar a la subasta de la compra-venta, todo ello dentro de la concepción avasallante del neoliberalismo, acabando con los sueños de campesinos hijos del surco, que no tuvieron, al morir, un pedazo de tierra donde ser sepultados…

No hay, por lo pronto, nada claro.

Sólo acercamientos sobre una justicia social prometida por parte de un Gobierno que inició el 1 de diciembre de 2018, y que tiene, por delante, mucho tiempo –cinco años-, para demostrar, como dijera el poeta del Viejo y Roto Violín, León Felipe, si dentro tiene la luz… o está la nada.

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