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Crónicas para la historia (No. 71).- Manuel Islas Castañeda y su Club Olímpico Cajeme.-

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Crónicas para la historia (No. 71).- Manuel Islas Castañeda y su Club Olímpico Cajeme.- Llenó toda una época de música, convivencias sociales, programas altruistas, bohemia, arte y cultura.- Relatoría que pertenece ya al siglo pasado 

Bernardo Elenes Habas

Fue, el Club Olímpico Cajeme, en sus inicios, la alternativa inmediata para una generación de habitantes de Ciudad Obregón que despertaban del romanticismo del bolero y sus tríos, la dulzura de los valses y el género vernáculo, al asombro deslumbrante de nuevos ritmos, con raíz en las grandes orquestas estadounidenses principalmente, que comenzaban a difundirse a través de una radio incipiente en la región.

Manuel Islas Castañeda

Cajeme reclamaba su lugar en el tiempo. Y así, los jóvenes de ayer, probaban por primera vez nuevos compases musicales como fox trot, swing, blues, jazz.

Corría la década de los 30 y la ciudad, cabecera del Municipio que apenas rebasaba los 3 años estrenando esa categoría, abría sus ojos rurales a la vida aromada de parcelas, parvadas de gorriones y palomas pitahayeras cruzando el cielo límpido en pos del Valle y sus refugios.

Fue el año de 1935, cuando un grupo de entusiastas jovencitos concibieron la idea de formar un club deportivo, que se convirtió en el origen del ahora legendario centro social de la clase media y del pueblo mismo, que ya desapareció.

Entre esos adolescentes figuraban los nombres de quienes, con el tiempo serían ciudadanos de valía, contribuyendo al desarrollo de Cajeme, como Arnoldo Jaime, Ernesto Corral, Leopoldo Carrillo, Aureliano Villa, José Ángel Pliego, Manuel Álvarez.

Pero al paso de los años, lo que fue inicialmente un espacio deportivo, trascendió en la década de los 40 –como solía comentar don Manuel Islas Castañeda, primer administrador y promotor del Olímpico, oriundo de Culiacán, Sinaloa-, a una organización social, cuando planearon y llevaron a cabo sus primeros bailes, con motivo de las fiestas de carnaval. Contrastando con el Club Campestre, igualmente de tradición en la ciudad, pero con membresía exclusiva, mismo que funciona desde 1940, y que cuenta actualmente con 79 años de vida.

La mejor época del Olímpico

Hace varios años, platicando con don Manuel Islas en el primer Café Palacio de Miguel Mexía Alvarado, que se encontraba en el edificio de la sede municipal, área de tesorería, me narraba con nostalgia que la mejor época del ahora desaparecido Olímpico, ubicado por la calle Sinaloa, entre No Reelección y Guerrero, fue en los años 50 y 60, por cuyos estrados desfilaron orquestas locales de calidad, pero también de factura nacional, como las de Juan García Esquivel, Dámaso Pérez Prado, Pablo Beltrán Ruiz, Ramón Márquez, Miguel Ángel Valladares, asimismo cantantes y compositores de fama como los Hermanos Martínez Gil, María Luisa Landín, María Victoria, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Chela Campos, los Hermanos Reyes, Evangelina Elizondo, Alma Riva. Y recordaba, con especial emoción la presencia de reinas de la belleza del mundo, entre ellas Christian Martell y Ana Bertha Lepe. Hechos que alguna vez comentó también a la periodista cajemense Bertha Alicia González, durante entrevista realizada para Diario del Yaqui, en el invierno de 1983.

Manuel y Christian Martell

Manuel Islas fue creador del reconocimiento “Ciudadano del Año”, homenaje al altruismo, al desprendimiento y entrega de cajemenses en bien de la educación, la salud, el arte, la cultura, y donde recibieron galardones personajes inolvidables como la profesora María Mendívil, profesor José L. Guerra Aguiluz, doctor Luis Farfán Arias, profesoras Nelita y Jesusita Espinoza, Alfonso Robinson Bours, Maclovio Vega, Moisés Vázquez Gudiño, Guillermo Vélez.

El bar, refugio de amigos

Además de que su pista de baile se llenaba con la algarabía de los jóvenes de la época cada sábado, cuando se celebraban los eventos tradicionales, o bien, en las graduaciones de academias comerciales y de belleza, escuelas secundarias, igualmente en bodas y quinceañeras, el bar del Club Olímpico se convertía en refugio cotidiano de amigos, donde se daban cita políticos, periodistas, profesionistas diversos, boxeadores, taxistas.

Ahí concibió las primeras décimas de su prodigioso Canto al Valle del Yaqui, el periodista y poeta Bartolomé Delgado de León: Habrá que cantarte así/ para sentirte más mío:/ como angustia de rocío/ que sueña hacerse rubí;/ como voz de frenesí/ que se agita y se agiganta;/ como ansiedad que se planta/ en lo más hondo del ser/ para aspirar a tener/ el verbo y la voz que canta.

Ciudadanos distinguidos

En ese espacio bohemio nacieron, también, muchos poemas del juglar rebelde Juan Eulogio Guerra Aguiluz, que declamaba a voz en cuello con el beneplácito de los parroquianos al inicio de año: Yo no vengo a desearles Año Nuevo,/ ni Feliz Navidad, que el idealismo/ con patente otorgada por el cielo,/ desemboca en un vil mercantilismo./ Sólo vengo a decirle al compañero/ que aprenda la lección de Jesús Cristo,/ aquélla de la aguja y del camello/ donde niega indulgencias a los ricos./ Y es que el rico que explota al proletario/ su riqueza sustenta al egoísmo,/ por eso sus deseos de fin de año/ suenan falsos; por eso los invito/ a que hagamos un nuevo calendario/ donde brille la luz del socialismo…

Manuel y amigos

Igualmente, brotaban las anécdotas chispeantes de Gaspar Juárez López; sonetos de Amado Armando Varela, El Canguro; y cantidad de versos satíricos de Miguel Mexía Alvarado, como el que le dedicara al mismo Manuel: Allá en la tierra culichi,/ cerca del Puente Cañedo,/ nació este sanababichi:/ Manuel Islas Castañedo. O el “verso francés” que escribiera para Bartolomé Delgado de León: Todo mundo te conoce/ profesor Bartolomé,/ eres amigo del arte/ y tiras mucho aceité…Teniendo que acentuar la e final de aceite, para que la eufonía de la rima fuera consonante; y, por supuesto el ya clásico entre los viejos cajemenses en honor de Arsenio Cambustón: Siete vidas tiene Arsenio,/ el Peludo Cambustón,/ el hombre con más ingenio para vivir de huevón.

Don Manuel Islas Castañeda, murió el lunes 30 de enero de 1987, en su domicilio de calles Durango y Guerrero.

Es, pues, parte de la historia de un Cajeme, de una ciudad diluida entre la bruma del tiempo y la memoria de antiguas generaciones que se marcharon dormidas entre el humo de las flores; personajes y espacios hoy desaparecidos como el Club Olímpico, donde bailaron nuestros padres y después otra pléyade de jóvenes, siguiendo a las orquestas y a los grupos de moda, cuyos recuerdos pertenecen ya al siglo pasado…

(Fotos: 1.- Manuel Islas Castañeda. 2.- Manuel y Christian Martell. 3.- Ciudadanos distinguidos por el Club Olímpico: Alfonso Robinson Bours, Maclovio Vega, Profra. María Mendívil, Moisés Vázquez Gudiño, Dr. Luis Farfán Arias, Manuel Islas, Profr. José L. Guerra .- 4.- Manuel y amigos en el Club.

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