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La sustitución, un acto normal

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La sustitución, un acto normal

Alejandro de Anda

LO CLAROEstamos claros que la profesionalización de la educación superior exige ciertos lineamientos que inducen a mantener al día los programas de estudio, en vías de ser competitivos respecto a la demanda del sector productivo.

Así entendemos que la contabilidad de hace cinco años, dista mucho de las necesidades del mercado actual. 

Los cambios sustanciales en leyes y doctrinas, obligan a replantear igualmente la preparación de quienes son instruidos en las aulas.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas comparte con la sociedad en general, su visión respecto a la reforma en su Plan de Desarrollo Institucional que llevará a cabo en 87 planes de estudio de licenciatura.

Acordes a los lineamientos que la ANUIES, la UNESCO y la OCDE proponen para esta reforma curricular.

Garantiza a los próximos egresados, no sólo contar con las competencias del mercado laboral, sino también el ser globalmente competitivos y progresistas.

LO OSCURO. Recientemente, abordamos el tema de la corrupción desde sus significados y ejemplos tácitos. 

Que dejan entrever que no es competencia exclusiva de quienes hacen gobierno, sino que la vida diaria lleva un grado de complejidad y de asegunes que permiten la discrecionalidad y a cuya forma de vida, nos hemos adaptado sin sentirlo.

Hicimos referencia al mercado sustitutivo, concretamente del producto del mar. Donde los peces y sus variedades que llegan a nuestra mesa, en la gran mayoría obtenemos un producto que no es y que en realidad cuesta mucho menos que lo que solicitamos.

Es quizá, el mercado de sustitución una de las aristas de la corrupción de más arraigo. Tenis de marca, ropa en general, lentes, música, películas, relojes, accesorios para celulares, cosméticos, perfumes, ¡medicinas! Refacciones automotrices.

Y ¿por qué no? También lo que nos llevamos al estómago.

El cabrito es un vago ejemplo de un mercado gastronómico que por su naturaleza y presentación, proviene del estado norteño de Nuevo León. 

Sólo en ese estado, el consumo promedio anual para el comensal que visita aquella región (es más requerido por los turistas que por el regio) según la ‘Fundación Produce Nuevo León’, los productores locales llegan a alcanzar una cifra promedio de 390 mil cabezas de cabritos por año. 

El llamado cabrito lechal –o lechero- que es aquél que por su edad aún se amamanta de la madre, no alcanza a cubrir la demanda de un millón de animalitos por año que exige el paladar restaurantero de aquella comarca.

Se obliga entonces a importar productos de otros estados, como el vecino Tamaulipas, que no alcanzaría a empatar con cabrito más allá de las cien mil unidades por año.

Entonces llega el borrego. El ganado ovino sustituye con mayor masa muscular, 8% más de grasa (en comparación al 7% del cabrito) y un 20-25% menos de valor al cabrito, cumpliendo con la necesidad de un comensal que no tiene expertise en paladear el sabor menos pronunciado en comparación al del chivo pequeño.

Y que el ovino es un ganado estabulado que permite su reproducción en mayor cuantía y con mejores apoyos al sector ganadero que el gourmet cabritero; se entiende entonces que el cabrito que usted coma en cualquier restaurante del país, tenga la posibilidad en más de un 66.7% de ser un lindo borrego de engorda. Aquél que también se usa para la birria o barbacoa en el centro de nuestro país.

No es malo ni tampoco contradictorio al sistema nutricional. Lo que aquí pretendemos señalar, es que en el mejor de los casos, el menú que usted obtenga debiera decir. Usted comerá hoy chivo, o borrego. 

La honestidad como parte de nuestra vida.

Aún dista mucho ese día.

COLOFÓN: Dichoso aquél entonces, cuando le digan que ‘le hicieron de chivo los tamales’… es más caro.

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro

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