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La vida se devalúa terriblemente

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La vida se devalúa terriblemente.- Crónicas para la historia (No. 89).- Surge el programa Jornada por la paz, propiciado por el Ayuntamiento de Cajeme, en el que suman voluntades los diferentes sectores de la comunidad.- Esfuerzo colectivo para rescatar la tranquilidad perdida y lograr el bienestar

Bernardo Elenes Habas

Es necesario dejar constancia sobre la paz y la seguridad, en esta crónica. 

Dar testimonio de la forma gradual cómo el valor de la vida se devalúa dramáticamente. 

Maestros jornadas por la paz

Nadie se siente seguro ni en sus hogares, menos en la calle, donde cualquiera puede ser objeto de un secuestro. Caer abatido por el fuego cruzado entre facinerosos, o en encuentros de éstos con elementos de seguridad, del Ejército o la publicitada Guardia Nacional, presentada como panacea que remediará el terror de ajusticiamientos, sangre derramada, barbarie indecible. 

Crecen desmesuradamente las estadísticas sobre homicidios dolosos y el lugar que ocupan en el tiempo. 

De tal manera que se está convirtiendo en una constante que los ejecutados superan, con mucho, en algunos casos al doble, el número de días del mes en que son privados de la vida, como sucedió con julio de 2018, y se vivió en junio de 2019. 

A este panorama que estremece, debe agregarse el accionar de la delincuencia común con robos, asaltos, agresiones, hechos que no provocaban, lamentablemente, el despertar consistente de la sociedad en su conjunto. La que, hasta hace algunas semanas y a iniciativa del Ayuntamiento de Cajeme que preside Sergio Pablo Mariscal Alvarado, abrió un cauce que es fundamental en la conciencia de la ciudadanía, las familias, sus sectores, denominado Jornada por la paz, programa subjetivo y objetivo, con carácter de permanente y que se encamina a rescatar la tranquilidad perdida, pero también a instaurar valores de convivencia y participación colectiva que trasciendan hacia el bienestar. 

Sindicatos jornadas por la paz

Se busca, a través de acciones diversas, no enfrentar físicamente a la maledicencia, sino sumar esfuerzos desde sus centros de operatividad, dejandoconstancia de que no se ha perdido la capacidad de asombro, y que sí es posible darle vida a programas verdaderos, concretos, con resultados. 

Se escuchan ya las voces formales y públicas de directivos y socios de cámaras empresariales, expresando su repudio a la forma en que la violencia y sus oficiantes toman carta de residencia en calles, colonias, zonas residenciales, comunidades rurales, rincones de Cajeme. 

Se vuelve latente la disposición y fortaleza espiritual de las iglesias y cultos religiosos, para sumar cruces y plegarias no sólo desde el interior de sus templos, sino también desde el exterior, para construir un escudo terrenal en contra de los demonios sueltos. 

Se suman los intelectuales, los activistas del arte y la cultura, el sector educativo, pero hace falta, también, el ejército de jóvenes, hombres y mujeres que navegan en las redes sociales con su poderío tecnológico de comunicación inmediata, y de todos los grupos dispuestos a marcar su posición ciudadana, en horas cruciales de definiciones. 

Pero también se requiere –los tiempos lo exigen-un activismo singular del Gobierno del Estado a través de Claudia Pavlovich, encaminado a golpear los escaparates de la burocracia, exigiendo, ¡hasta que se le vuelvan de sangre las palabras, hasta que las demandas se conviertan en ríos desbordados que inunden las conciencias de diputados, senadores, Confederación de Gobernadores, ministros y del mismo presidente de la República, para que atiendan en Sonora, en forma integral no solamente los efectos, sino las causas de un problema que se sale de control y que al paso de las horas, los días, las semanas, cuando llegue el invierno, convertirá a Cajeme en un gran cementerio…! 

Podría parecer un juicio catastrófico el de esta crónica, sobre el presagio del horizonte comunitario. Pero si no se detiene esa bacteria que enferma cerebros, pudre almas, desintegra comportamientos: muy pronto podría convertirse en una epidemia funesta para la que no habrá vacunas…