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En Cajeme, las familias dormían en los patios.-

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En Cajeme, las familias dormían en los patios.- Crónicas para la historia (No. 90).- Durante los años 1940, 50, 60, nadie, en un Municipio que apuntaba al progreso, imaginaba que la barbarie se apoderaría de su pueblo

Bernardo Elenes Habas

Hace 42 años, Cajeme, comunidad visionaria y trabajadora, cumplía sus primeros 50 años de haber alcanzado categoría de Municipio.

Tan importante trazado histórico contenido en la Ley Número 16, decretada por el Congreso del Estado y proclamada por el entonces gobernador, Fausto Topete Almada, tenía que dejar constancia en la comunidad.

La exaltación del cincuentenario del Municipio, corrió a cargo del Ayuntamiento presidido por Oscar Russo Vogel (1976-1979), quien, con solemnidad republicana, pronunció el discurso señero en el ceremonial de instalación del Congreso del Estado en Ciudad Obregón, cabecera Municipal, como parte del jubileo. El doctor Russo tuvo como su principal colaborador en la gala de tan espléndida conmemoración, al licenciado Eduardo Estrella Acedo, a la sazón rector del ITSON.

Las autoridades y sectores, dieron formalidad a una feria popular y de exposiciones en el estacionamiento del Estadio Tomás Oroz Gaytán. En ese espacio se mostró el potencial del desarrollo productivo, agrícola, industrial, comercial, educativo, técnico, cultural, artesanal de la comunidad. Festejo que, con otro similar, también de grandes proporciones realizado en 1968, durante la administración municipal de don Javier Bours Almada, se constituyó en las raíces de lo que hoy es la Expo Obregón.

Lo recuerdo bien. El alcalde Russo Vogel instruyó a la psicóloga María Guadalupe Martínez Moreno, titular de Previsión Social y Cultura en el organigrama municipal, la organización de un desfile conmemorativo de la fundación de Cajeme, que ciertamente se realizó el 20 de noviembre de 1977, con carros alegóricos representando la raigambre de las diferentes etapas comunitarias, desde 1907. Asimismo, la escenificación teatral de la toma de protesta del Primer Ayuntamiento, tal como aparece en la foto histórica. Libreto que escribí y dirigí, junto a mis amigos Jesús Antonio Salgado, Gudberto Vivian, Rigoberto Badilla, Luis Alfonso Valenzuela Segura, en el teatro del ITSON, precisamente el 30 de noviembre de dicho año.

Pero también, desde las páginas de Diario del Yaqui, me di a la tarea de realizar y publicar pasajes de la conmemoración histórica, a través de una serie de entrevistas con fundadores del Municipio, con el rubro de “Ellos hicieron la Ciudad”.

De esos hombres y mujeres que ya trascendieron los linderos de la eternidad, guardo nombres como los de Melchor Soto Galindo, Francisco Santacruz, Domingo Saldívar Alcalá, Manuel Regalado Aguilar, Profesora María Mendívil Mendívil, Leopoldo Pliego Ortega, Chayito López de Juárez, Profesora Micaela Castelo Monroy, Miguel Vidal Córdova, Rafael A. Ramos, Ramona Vda. de Dávila, Anacleto Ortega Pacheco, Cirilo Magadaleno Cárdenas, doctor Alfonso Cadena Herrera, Alfonso Cañizares Bray, Julio Nava Jiménez, Ramón Sotomayor, Luis Estrella Vivian, Demetrio Amarillas, Benigno Castro Mendívil, Nicolás Mariscal Páez (Kid Yale), Guadalupe Cruz Vda. de Neda, Lázaro Arenas Rodríguez, José Ángel Alcántar Lugo, Irineo Meléndrez Cruz, Rubén H. Meza, Juan Adolfo Castelo Limón, Francisco L. Terminel, Antonio Bejarano y Guevara, doctor Luis Farfán Arias, Juan Elenes Bustamante, entre muchos personajes que fueron semilla visionaria de Cajeme. Pero también atesoro sus enseñanzas, la sencillez rural espléndida que emanaban en sus palabras que me bebía; el amor irrenunciable a su comunidad.

En los años 1940, 50, 60 -me decían los personajes maravillosos a quienes entrevisté en aquel tiempo-, la ciudad era un pueblo grande. Sus habitantes estaban  empeñados en el trabajo, al que le daban una dinámica asombrosa de progreso, perfilando la naciente urbe hacia la modernidad, donde se palpaba tranquilidad, respeto, paz en el alma de sus habitantes.

Se transformó el alma de la ciudad

Los testimonios de los fundadores de Cajeme, nos colocan en el vértice de la realidad de lumbre que hoy se vive.

Motivan a reflexionar sobre el cambio gradual experimentado en el tejido urbano y en el sentimiento y costumbres de la gente, con la influencia de nuevos habitantes, y la inevitable dinámica de los tiempos, alejándolo de sus raíces rurales.

También permiten reconocer la ausencia de actitudes decisivas, la indolencia para motivar valores humanos y culturales, porque se constituía, para muchos, en impulso primigenio amasar fortunas, dejando en el olvido darle nivel y esencia a la justicia social, no permitiendo la distribución equitativa de la heredad colectiva del Municipio.

Y, por supuesto, se hacía latente la ausencia de coraje, compromiso y sentido de pertenencia comunitaria por parte de grupos de poder, quienes desde sus raíces, no unificaron su visión de futuro para resistirse con valor civil, con esencia noble de pueblo, contra la delincuencia común y organizada, contra la pérdida de valores, permitiendo la sustitución del alma noble y generosa del Cajeme viejo, por la frivolidad, la hipocresía, el relevo de principios sencillos, legítimos, por influencias y comportamientos irrelevantes, pasajeros, sin raíces ciertas.

Se tienen, por supuesto, referentes que hablan por sí solos y definen que en las décadas de los 40 a los 60, cuando los alcaldes que transitaban la línea del tiempo, como Ramón Real, Ignacio García, Faustino Félix Gastélum, Abelardo Sobarzo, Heriberto Salazar, Vicente Padilla Hernández, Miguel Guerrero Verduzco, Rodolfo Elías Calles, René Gándara Romo, Antonio Valdez, Encarnación Chávez, Faustino Félix Serna, Ángel López Gutiérrez, los sobresaltos, protestas, enconos, eran por cuestiones políticas, centradas en grupos empeñados en detentar el poder; pero no existía el flagelo de la delincuencia común, menos el avasallamiento del crimen organizado, con las demostraciones llenas de barbarie que ahora prevalecen.

Las familias dormían en los patios

Los viejos cajemenses guardaban y guardan memoria sobre un hecho que hoy podría ser increíble: las familias podían dormir con tranquilidad en los patios de sus casas durante el verano, colocando los adultos sus pantalones con sus billeteras en los bolsillos, sobre respaldos de sillas. Solo las lluvias torrenciales de esos tiempos, obligaban a buscar el refugio de las viviendas, las que carecían del beneficio de ventiladores y hasta de electricidad.

No obstante a que el alumbrado público apenas comenzaba a perfilarse débilmente, y la mayoría de sectores sencillamente carecían de este servicio, no merodeaban los delincuentes por las calles. No se registraban robos y menos balaceras y ajusticiamientos despiadados…

Por eso, la noche neblinosa del 26 de noviembre de 1953, cuando fue asesinado el líder agrario Maximiliano R. López, El Machi, en la puerta de su casa por la calle Coahuila entre 6 de Abril y Jesús García, tan dramático hecho se convirtió en duelo popular y las circunstancias de su sacrificio se comentaron y se continúan comentando, trascendiendo en la memoria generacional de la comunidad.

Después, vendrían “los plataneros”, con una nueva semilla de violencia…

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