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Identificada la zona del cerebro donde reside la inteligencia ejecutiva

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Está situada en los dos hemisferios y forma parte de una red de control cognitivo

Investigadores del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y Cerebrales Humanas en Leipzig han descubierto la sede cerebral de la inteligencia ejecutiva.

Esta inteligencia refleja nuestra capacidad de resolver problemas, planificar nuestras acciones, controlar las emociones y enfocar nuestra atención.

Es un concepto relativamente reciente del campo de la neuropsicología que asigna a la inteligencia ejecutiva a capacidad de organizar a las otras inteligencias (cognitiva y emocional) para orientar nuestras acciones según nuestros conocimientos y emociones (José Antonio Marina, La inteligencia ejecutiva, Ariel, Barcelona, 2012).

Hasta ahora no había una indicación clara de dónde residía en el cerebro esta capacidad humana y la nueva investigación ha localizado ahora la región neuronal donde se origina la inteligencia ejecutiva.

Poco conocida

Se trata de una región del cerebro poco conocida llamada unión frontal inferior (inferior frontal junction o IFJ en inglés), situada en el lóbulo frontal de la corteza cerebral en ambos hemisferios.

El lóbulo frontal, situado justo detrás de la frente, es el responsable de los procesos cognitivos complejos y en su seno es donde se encuentra la sede de la inteligencia ejecutiva.

Hasta ahora se sabía que la IFJ participa de manera crítica en tres procesos principales de control cognitivo: memoria de trabajo, cambio de tareas y control inhibitorio. También que forma parte de una red de control cognitivo.

Paciente único

Su vínculo con la inteligencia ejecutiva quedó al descubierto con la ayuda de un paciente único que padecía el así llamado “síndrome desejecutivo”, que se produce después de un traumatismo craneoencefálico o un derrame cerebral.

Las personas que lo padecen manifiestan alteraciones en las funciones ejecutivas, como la capacidad de memoria, de razonamiento, de planificación y concentración.

El paciente de esta investigación tenía 56 años de edad y había sufrido varios derrames cerebrales que golpearon una estratégica región del cerebro: la IFJ.

Esta lesión le impedía superar las pruebas psicológicas básicas que miden la capacidad ejecutiva.

Por ejemplo, no podía planificar un recorrido dentro de un espacio público o ignorar distracciones para centrar su atención en algo concreto.

Un detalle particular de este paciente fue crucial para esta investigación: solo tenía dañada la IFJ y en ambos hemisferios por igual, una oportunidad única para comprobar el papel de esta región cerebral para las funciones ejecutivas.

Doble dirección

Los investigadores no solo comprobaron en este paciente cómo afectan las lesiones de la IFJ a las funciones ejecutivas, sino que también recurrieron a bases de datos clínicos, relacionados con esta enfermedad, para establecer una relación entre las funciones afectadas y la magnitud del daño cerebral en la IFJ.

Es decir, la relación de capacidades ejecutivas afectadas tiene que ver con la magnitud de la lesión cerebral: ahora es posible conocer el impacto de una lesión de este tipo, en función de su distribución en la IFJ.

Y a la inversa: el resultado permite también establecer la importancia de la lesión cerebral en función de los síntomas en las capacidades ejecutivas, sin necesidad de esperar a los resultados de un escáner cerebral.

Origen biológico

Esta investigación culmina una larga trayectoria de estudios previos sobre la relación de la inteligencia ejecutiva y el daño cerebral.

Hasta ahora se ha relacionado, sin evidencias claras, con el lóbulo frontal, el cerebelo y áreas subcorticales, así como con diferentes enfermedades neurodegenerativas.

La nueva investigación especifica sin lugar a dudas el origen biológico de la inteligencia ejecutiva, gracias a la ayuda de este paciente particular.

Indirectamente, esta investigación ayudará también a conocer mejor la inteligencia ejecutiva, que se desarrolla con la experiencia, así como tal vez al tratamiento de otras patologías, como el consumo de drogas o la agresividad incontrolada, relacionadas con déficits en la inteligencia ejecutiva.

También será útil para comprender mejor las funciones ejecutivas que demandan las empresas, ya que pueden ayudar al desarrollo personal y a la mejora organizacional.

Fuente: tendencia21.net