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AMLO raspa la investidura.-

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Bernardo Elenes Habas

AMLO raspa la investidura.- Crónicas para la historia (No. 154).- El programa de abucheos contra gobernadores durante sus giras, fue derrumbado en Sonora el 2019.- Aquí se le obligó a mirarse en el espejo de su propia realidad.- Nuevamente es en esta entidad donde se le advierte que ya no es el mismo, que es igual a los demás. 

Bernardo Elenes Habas

Fue en Sonora –marzo 3 de 2019-, donde aquel perverso “programa espontáneo” de abucheos a gobernadores, durante las giras del presidente Andrés Manuel López Obrador, cayó hecho trizas.

Amlo en Cajeme cuartel

El equipo de la gobernadora Claudia Pavlovich, no se arredró ante acciones orquestadas desde las entrañas de Palacio Nacional, como forma de hacer crecer la popularidad de AMLO, y darle el toque mediático al repudio que el pueblo sentía por los gobernantes surgidos de otros partidos, para dejar constancia en la relatoría popular, de la fuerza con que se derrumbaría todo lo que no estuviera incrustado en la Cuarta Transformación.

Sin duda, se trataba de acciones con raíces goebbelianas, en las que tal vez estaban metidas las manos de Epigmenio Ibarra o de John Ackerman, supuestos manejadores del impacto de la política de masas.

Ya habían sufrido esas “inesperadas” rechiflas, los gobernadores de Campeche, Alejandro Moreno; Tabasco, Arturo Núñez; Guerrero, Héctor Astudillo; Hidalgo, Omar Fayad; Oaxaca, Alejandro Murat. Escenas festivas que AMLO gozaba como admirador del teatro de lo absurdo, desde su asiento en los estrados, lógicamente lavándose las manos de toda culpa.

Pero aquel domingo 3 de marzo de 2019, en el gimnasio de la Universidad de Sonora, el ataque fascista contra la gobernadora no creció, sino que fue acallado con una contra-porra que gritaba “¡sigue Claudia, sigue!” brotando desde las gradas. Y, Pavlovich Arellano que ya tenía un micrófono en las manos, aún sin estar programada, dio la bienvenida al hijo de Macuspana.

Fue, tal vez, la primera ocasión en que AMLO sintió que en Sonora existe una corriente interna capaz de transformar y derrumbar mitos, cuando sus

Amlo esperan manifestantes

habitantes se lo proponen.

Esa forma valiente nacida en la entidad, para obligar al presidente a que se mirara en el espejo de su realidad plazuelera, sirvió de mucho, debido a que se acabaron los desprecios a gobernantes en las visitas presidenciales. Incluso, se volteó el libreto, porque a partir de esos momentos AMLO comenzó a sentir raspones de su “pueblo”, en Villa Benito Juárez, Macuspana, donde a la pregunta de si estaban recibiendo los apoyos de su gobierno, escuchó un rotundo ¡no!

O bien, en la inauguración del estadio de béisbol de los Diablos Rojos de México, espacio en el que fue abucheado; incluyendo el significativo desprecio de los habitantes de Anenecuilco, Morelos, pueblo de nacimiento de Emiliano Zapata, cuando el 6 de enero de este año le reclamaron sus habitantes indignados, el hecho de haber permitido a través de su equipo de colaboradores que se denigrara la figura del Caudillo del Sur, con una pintura exhibida en el Palacio de Bellas Artes: “¡Obrador, mentiroso y hablador!”, resonaban en su cara las voces roncas de los campesinos.

No escucha Amlo

El respeto a la investidura presidencial poco a poco comenzó a perderse, y ciertamente, el único culpable de tales despropósitos era y es, el mismo presidente, quien no ha logrado comprender hasta la fecha que su discurso de odio, su afán de dividir a los mexicanos en conservadores y liberales, en acomodar palabras hirientes y motes contra quienes no piensan igual que él y le hacen alguna crítica, desoyendo a las mujeres en sus demandas de justicia, ignorando a luchadores sociales que exigen se atienda el grave desbordamiento de la violencia como el poeta Javier Sicilia, entre muchos ejemplos.

Nuevamente es en Sonora –Cajeme, 6 de agosto-, donde los hechos obligan a AMLO a mirarse, otra vez, en su propio espejo. A comprender que es él y no los conservadores, los fifís, los traidores, las momias, quienes buscan hacerle daño, sino sus actitudes, sus desplantes autoritarios, el terror que le infunden los fantasmas que lo persiguen desde su niñez.

¿A quién o a quiénes puede culpar un hombre que no escucha a nadie para tomar decisiones, por el hecho de haber roto con una costumbre de atender a la gente durante sus giras, dejando plantadas a cientos de personas, mujeres, hombres, jóvenes que querían entregarle demandas, plantearle problemas que les lastiman, huyendo por un portón estratégico del 60 Batallón de Infantería en Esperanza, sembrando el coraje en quienes lo esperaban?

Una sola expresión, gritada a viva voz por alguien que le dio su voto, lo defendió en los debates populares de su barrio, creyó en él con profundidad hasta el extremo del sacrificio, quien debido a ese despreció cambió todo el horizonte político y social de su vida.

Una sola expresión de odio y desprecio, emitida en Cajeme, por una humilde mujer a quien se le derrumbó el ídolo ante sus pies y su conciencia, porque comprobó que era de barro, es reveladora:

-¡Viejo perro!

Le saludo, lector.