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Sin esclavo a quien mandar, ni amo a quien obedecer.-

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Sin esclavo a quien mandar, ni amo a quien obedecer.- Decía Luciano, mi hermano, el filósofo yaqui-mayo, del mundo.- ¿Cómo no extender mis manos limpias, mi corazón indígena, para ponerlo en el alma de la gente, este 2020?

Bernardo Elenes Habas

¿Cómo no desear para todos, que se conviertan en arquitectos de su propio destino y construyan un año positivo, con actitud crítica donde prevalezca la inteligencia, no los odios, no las pasiones, no los fanatismos ciegos, sino el bien común, la verdadera justicia social?

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¿Cómo no aceptar que vivimos tiempos diferentes, donde la tecnología ha rebasado a generaciones anteriores, de las que debe reconocerse que mantienen los datos duros de sus vivencias, las historias de las que fueron testigo y aprendieron de sus mayores, y que son parte de su bagaje humano, irrenunciable, sincero, noble?

¿Cómo no sentir en forma propia los valores que prevalecen en el alma limpia de la juventud, la que tiene respeto a la vida, la que estudia, trabaja, construye y valora el amor como el puente por el que se alcanza la dimensión del Hombre Nuevo?

¿Cómo no reconocer que somos los de antes, los de ahora, los de mañana, los que traíamos, traemos y traeremos una estrella en las manos para que ilumine los caminos de los sueños creativos, la justicia sin distingos, legitimando la sencillez, la humildad, el amor al prójimo, sin el odio perverso que ahora subsiste y que provocan la barbarie con crímenes horrendos, pero también con el uso criminal de las redes sociales para inocular veneno, ácido con el que se busca construir ambiciones personales y de grupos sedientos de poder en la vida social y política, pretendiendo conducir rebaños de conciencias, cuando debieran reconocer que el verdadero luchador permite a todos, sin distingos, que determinen y construyan sus propios senderos?

¿Cómo no extender mis manos limpias, mi corazón indígena, para ponerlo en el alma de la gente: la que piensa, sueña, construye y no carga en su sentimiento el germen de la ambición. Que no prostituye su palabra. Sus ideales. Su horizonte de luz. Y que pueden mirar de frente, a los ojos, ahora y siempre, sin tener sellos, sin aceptar consignas, y como decía mi hermano Luciano, el filósofo yaqui-mayo, del mundo: sin esclavo a quien mandar, ni amo a quien obedecer?

Le deseo el año 2020 que usted desee construir.

Le saludo, lector.