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El Cisen y Culiacán

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Gilberto Mensajero Armenta

¿Tienen a personas ahí, informando, y no saben que se avecina una revolución? Eso es cualquier cosa, menos inteligencia

Kyle Chandler

Cuando Vicente Fox Quezada gobernó a México, cometió uno de sus grandes errores en un alarde de democracia y transparencia: abrir los expedientes del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen), y peor aún, intentar operarlo como si se tratase de un órgano descentralizado de gobierno, en el que todos podían meter mano. Para cuando intentó corregir el rumbo, el daño colateral ya estaba consumado.

En la actual administración, el Cisen sufrió un nuevo revés, cuando la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, en voz de su titular, Francisco Alfonso Durazo Montaño, anuncia su desaparición para dar paso a la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI). 

Ambas acciones son calificadas – por expertos en inteligencia y contrainteligencia – como innecesarias y catastróficas acciones de gobierno contra un ente que, como sus homólogos en otros países, se va estructurando por cuenta propia y a tal grado, que se convierte en un organismo ajeno al propio gobierno en turno.

Fox Quesada dijo que sus expedientes se abrirían porque a él lo habían perseguido. Durazo Montaño dijo que se había convertido en un instrumento político. En ambos sexenios fueron presentados a la opinión pública sendos expedientes de politicos, empresarios, deportistas, artistas de farándula, magistrados y jueces, periodistas, activistas sociales y ciudadanos simples.

Si, eso es lo que hacía el Cisen y eso es lo que hará la ANI. Esa es la esencia de los centros o agencias de inteligencia: investigar, recabar, documentar, administrar y utilizar la información en el sentido y propósito que sea necesario para México.

Cuando Fox Quesada abrió los expedientes del Cisen al público, todos los que conformaban esta estructura de información se contrajeron. La compartimentación se aplicó en todas las áreas, y fue entonces cuando se entendió que ni el entonces presidente de la República tendría absoluto acceso a todos los datos y listas que en ese centro de inteligencia existían y se manejaban. No podían hacerlos los del PRI, menos lo haría el emanado del PAN.

¿Sabe usted como se conforma un ente como el Cisen? 

Piense primero en todos los empleados de confianza y sindicalizados. Ahí están incluidos los delegados, investigadores, capturistas, archivistas, administrativos, de sistemas, de monitoreo, de audio y video, los de tecnología y redes, y los de edición y redacción. 
Pero la otra lista la conforman las fuentes, los colaboradores, los informantes y los operadores.

Cuando el expresidente Fox dijo que se sabría públicamente todo lo que el Cisen hacía, y quienes lo hacían, cundió el pánico, y los que generaban la información, los que conformaban la segunda lista dictada arriba, simple y sencillamente, cerraron la puerta.

Cuando el presidente anunció en campaña que desaparecería al Cisen, y cuando Durazo Montaño ratificó eso anunciando la creación de la ANI, este centro de inteligencia se contrajo aún más, reservó sus datos lo mejor que pudo, bajó el perfil lo más posible, separó sus áreas lo más distante posible entre ellas, y dio dos pasos atrás y uno al costado frente al nuevo régimen político que representaba la 4T.

El Cisen no pondría en riesgo sus fuentes, colaboradores, informantes, y mucho menos, la información acumulada por décadas de trabajo, y no porque planeara entregarla al PRI o al PAN, y mucho menos porque fuera una instrucción precisa de estos partidos para hacerlo asi. No, el Cisen se cerró porque en riesgo estaba la vida e integridad de sus miembros, pero particularmente, porque en riesgo se ponía la gobernabilidad del país, controlada desde distintas esferas de poder en las que este centro de inteligencia se mueve, y en las que se seguirá moviendo, aunque ahora lo llamen agencia y no centro de inteligencia.

Si el gobierno de la 4T pretendo controlar al Cisen cambiándole sus siglas, se equivoca rotundamente. Si pretende controlar la inteligencia desde el gobierno mismo, se equivoca igualmente. 

Y en ese sentido, y bajo esta premisa, es ahora importante retomar el caso Culiacán.

Lo que falló en la detención de Ovidio Guzmán fue la información, más que el operativo mismo. No tenía el gobierno federal información documentada respecto al alcance del cártel de Sinaloa. La evidencia muestra que desconocían incluso las rutas de acceso y escape de Culiacán mismo. Y lo más preocupante, es notar que desconocían datos internos del mismo cártel como cantidad de miembros, armamento, casa de seguridad, tipo y número de vehículos, forma de comunicación entre y ellos y un pernicioso etcétera. ¿Recuerda usted el vehículo armado con un fusil calibre 50? ¿Aquel que ostentaba logotipos de Telmex, pero que en realidad era un tanque de combate? Bueno, ese dato debió tenerlo el gobierno federal, la SSP, la Marina, el Ejército y quien usted quiera, de parte del Cisen.  

Podrán presumir información de inteligencia militar. Podrán ponderar que su información incluye nombres y direcciones de narcos, puntos de narcomenudeo y hasta listas de teléfonos celulares. Podrán esgrimir que conocen la operación y ubicación de células del narcotrafico, pero los datos que el Cisen maneja son infinitamente mas finos que eso.

Están tan mal informados, los del gobierno federal, que ahora suponen que una campaña en redes sociales, evocando la detención y posterior liberación de dos capos distintos, es la mejor forma de avalar lo sucedido con Ovidio Guzmán. De eso se hablará en la columna de mañana martes 21 de octubre. Pendientes.

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