No se prevé un nuevo PRI.-

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    No se prevé un nuevo PRI.- ¡Que se agarren los de Morena!, surgió la amenaza desde las entrañas de la CNC, delante de Claudia Ruiz Massieu.- Esto demuestra que el PRI no admite la derrota y mueve a sus grupos, no a sus bases, la sed de venganza, al considerar que les arrebataron algo que les ha pertenecido siempre

    Bernardo Elenes Habas

    Tenía pleno conocimiento la estructura de liderazgos del PRI, los gobiernos emanados de sus siglas, sobre cómo, el catálogo de errores y retorcidos comportamientos que ejercían desde los centros nerviosos del poder, los conduciría, de nuevo, al desastre político-electoral.

    Claudia Ruiz Massieu PRI

    Ya habían pasado por una primera experiencia en el año 2000, cuando Vicente Fox se convirtió en la esperanza del cambio, del que el pueblo de México estaba sediento. Pero que, un personaje grotesco, sin formación republicana ni cultura social, junto a un partido ambicioso y hueco, el PAN, negociaron y se sometieron a los lineamientos del sistema controlado por el PRI, con el peso significativo de quienes manejan la economía del país, despreciando el poder histórico que les había conferido el pueblo de México con sus votos.

    Fox y el PAN, relegaron el primer intento de revolución pacífica propiciado por la sociedad en general hace 18 años, sometiéndose a los engranajes fríos, estrictos y siniestros de quienes, por encima de ideologías, son los mandantes. Es decir, la minoría rapaz.

    Con Felipe Calderón Hinojosa, durante el 2006-2012, fue algo diferente. Éste, llegó a ejercer su sexenio con la lección que

    CNC ochenta años

    le dictaron y aprendió desde los mismísimos núcleos del PRI, instituto que lo apoyó en su entronización contra un fuerte segmento del PAN controlado por Fox y Santiago Creel, a quien quería el Vaquero, como su sucesor. Nunca se perfiló Calderón, como una promesa para los mexicanos, ni siquiera para su partido, porque le hizo honor al mensaje del corrido en el que sustentó su campaña, como un hijo desobediente: “Felipe fue desgraciado”.

    Y, efectivamente, el priísmo hoy indignado y arrasado, comprendía desde antes del inicio de campañas y nominación de candidatos, que algo podría salirles mal en sus proyecciones durante el proceso 2018, porque el hartazgo se acumulaba contra una corrupción y políticas públicas infamantes, que tenían eje en el mismo presidente

    AMLO su gabinete

    Enrique Peña Nieto; pero nunca imaginaron sus líderes, gobernantes, capitanes del dinero afines, que el impacto alcanzaría las proporciones con que se presentaron el 1 de julio.

    Le apostaban a controlar la situación, en el proceso electivo. Confiaban en que designando un candidato proveniente de la ciudadanía, como José Antonio Meade, sería suficiente. Pero el maquillaje utilizado para disfrazar intenciones, no escapó a la agudeza de la gente, la que fue demostrando cada día de campaña una decisión creciente, inobjetable, férrea: sacar al PRI de Los Pinos.

    Hace tres días, la dirigente del tricolor a nivel nacional, Claudia Ruiz Massieu, dijo a su militancia –concretamente a los cenecistas, en la celebración de los 80 años de la central campesina- durante acto masivo, que el PRI no se alejará de las bases y que se transformará.

    Es evidente que la líder continúa utilizando el dañino y necio discurso del engaño, porque se niega a reconocer delante de sus correligionarios, que fue precisamente el distanciamiento de su partido y de los gobiernos de él emanados de sus bases y de la sociedad misma, lo que provocó el colapso vivido.

    Expresó, también, a los campesinos, que su partido “saldrá de sus despachos a hacer más territorio para volver a sus orígenes”.

    Es decir, hasta ahora comprende y comprenden, que vivieron en un círculo de confort, alejados de la ciudadanía, a la que sólo acertaron a convocar y a pretender mirar de frente en el tráfago de las campañas, cada tres, cada seis años.

    Prácticamente reconoció la sobrina de Carlos Salinas, que el PRI se mantenía insensible ante la sociedad, sin capacidad de gestión, sin resultados ciertos, al señalar como un compromiso futuro de su partido tener más sensibilidad social, mejor gestoría y más resultados tangibles.

    Y luego, brotó el emplazamiento que rayó en amenaza, por parte del dirigente saliente de la CNC, Manuel Cota Jiménez, hacia el gobierno federal que viene, el de Andrés Manuel López Obrador, el de Morena, indicando: “¡Que se agarren!, seremos oposición como dice Claudia, responsable, pero reclamante a favor de los campesinos de México. Así será, no permitiremos, no permitiremos… cuando (ellos) fueron oposición no sólo no hubo reconocimientos al gobierno sino que hubo destrucción permanente, ahora que son gobierno ¡que se agarren!”.

    Se trata, pues, de una señal llena de soberbia. Y, lo más grave del caso, es que se emite en el seno de una reunión nacional priísta, donde, lógicamente, los desafíos que se profirieron sobre el comportamiento futuro de los cenecistas contra el gobierno de AMLO, fueron avalados por el Comité Ejecutivo Nacional.

    Esta actitud beligerante asumida en presencia de Ruiz Massieu, demuestra que en el tejido del tricolor no se digiere la derrota. No reconocen la fuerza del voto popular que los echó de Los Pinos. No aceptan que ellos mismos, con sus actos de corrupción, soberbia y simulación cavaron su propia tumba el 1 de julio. Y confirman que no es verdad que el priísmo vive, en estos días, una etapa de reflexión para entrar, luego, a una profunda reforma.

    Porque en realidad, lo que están demostrando con esos desplantes, es sed de venganza al no admitir la derrota. Al no asumir el valor grande de la entereza, reconociendo errores para reconstruir con alta dignidad las siglas, documentos básicos, declaración de principios y actitudes congruentes en el decir y el hacer, colocándose de nuevo en el camino de la competencia política, mirando de frente, con profundo respeto y conciencia renovada a la gente.

    Por lo pronto, me queda claro que si las cosas siguen madurando igual, no habrá un nuevo, justo, democrático y transparente PRI, forjado desde las cenizas de la derrota; porque la bandera que impulsan sus grupos dominantes no es la humildad, los valores de la democracia, ni la vocación de servir, sino la sed de venganza, debido a que consideran que les arrebataron algo que les ha pertenecido siempre.

    Le saludo, lector.

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