Rumbo al proceso 2018.-

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    Rumbo al proceso 2018.- En las manos de los notables de todos los partidos, está el que no se les complique la elección de candidatos a alcaldes, diputados y senadores, no permitiendo que decidan los pocos, sino los principales actores de la política: los ciudadanos

    Bernardo Elenes Habas

    Sin duda, por el momento no hay precandidatos rebeldes en el PRI, como ha sucedido en otras etapas de su devenir interno.

    La relatoría más reciente la protagonizó Ernesto Gándara Camou, cuando le disputaba la bandera a Claudia Pavlovich, con los resultados de todos conocidos, donde el genio político de Manlio tuvo mucho que ver.

    En el tejido del PAN, jugaba ese papel antagónico, David Figueroa Ortega, contra Javier Gándara Magaña, protegido del entonces gobernador Guillermo Padrés Elías.

    Los hechos y testimonios del transcurrir político de la Entidad, muestran que siempre ha surgido en los procesos internos, y desde el mismo contexto de la sociedad, alguien que se oponga a los cartabones dictados por los grupos de poder.

    Lo hizo, en su tiempo, Fausto Acosta Romo -1967-, cuando fugazmente intentó oponerse a los designios del sistema. Sin embargo, su indisciplina fue avasallada por la candidatura de Faustino Félix Serna, quien logró ser candidato y gobernador, apoyado por la férrea e inconmovible maquinaria priísta.

    En el 2003, al concluir su mandato en la gubernatura Armando López Nogales, desde la estructura y disciplina dictada por su partido, trabajó con especial pasión para que el postulante ideal fuese un hombre capaz y con sensibilidad humana: Alfonso Molina Ruibal. Pero surgió otro insurrecto que no aceptó el proyecto: Eduardo Bours Castelo.

    Eduardo operó fuerte. Movió contactos y logró que el dedazo se suavizara a través de un debate de ideas y propuestas ante la sociedad sonorense para que ésta decidiese, participando inicialmente cinco aspirantes: Molina Ruibal, Bours Castelo, Guillermo Hopkins, Javier Gándara Magaña y Héctor Cáñez.

    Gándara Magaña no llegó a los denominados Foros Regionales, porque, supuestamente, incumplía con algunos requisitos que la convocatoria reclamaba, lo que provocó que abandonara, ese año, su anhelo de contender por la gubernatura y su militancia priísta, incluyéndose en las filas del PAN, del que, al tiempo, fue candidato.

    Eduardo ganó los debates y la gubernatura, rebasando las reglas partidistas que estaban confeccionadas para que el protagonista principal fuese Molina Ruibal.

    El devenir de Bours Castelo, ciertamente fue de contrastes, en cuyo gobierno prevalecieron las pugnas políticas y esencialmente el marcado separatismo del PRI estatal de su anclaje nacional.

    Y sin poder sustraerse a la ambición del poder político, porque soñaba en construir el andamiaje que lo llevaría desde Sonora, a convertirse en candidato a la presidencia de la República, diseñó al final de su sexenio, una estrategia para ungir como su heredero a Alfonso Elías Serrano, dejando sentado al Borrego Gándara, candidato natural que poseía el apoyo de una gran mayoría de sonorenses, obligándolo a sacrificar su rebeldía y la posibilidad de darle un triunfo sin precedentes al tricolor.

    Sin embargo, el proyecto personalista de Eduardo, junto con una serie de acontecimientos sin precedente, como el lamentable caso de la Guardería ABC, abrieron las puertas de la gubernatura -en mala hora-, al PAN, con Guillermo Padrés Elías.

    Esos pasajes son, sin duda, preámbulo importante para las elecciones que vienen en la Entidad, y aunque no se juega la gubernatura, si el trazado y preparación futura para tan importante paso en el 2021, batalla para la que ya algunos están sacando boleto adelantado, como Ricardo Bours Castelo.

    Por ello, alcanzan doble importancia las elecciones que vienen en Sonora, y cuya apertura se estará marcando en septiembre próximo, cuando el INE establezca la oficialidad del proceso, ya que permitirán sopesar si existen realmente avances democráticos, o reconocer que los diseños político-electorales siguen siendo los mismos, manejados por hombres únicos y providenciales, como alguna vez cuestionara fuertemente el fundador del PNR, que luego sería PRM y actualmente PRI, Plutarco Elías Calles, a los caudillos.

    Las enseñanzas que dejarán las elecciones del 2018 en la Entidad, serán reveladoras. Se podrá, a partir del desenlace de las mismas, tener un esquema valedero que indique el punto que la ciudadanía (no los partidos, no los grupos de poder, quienes impulsarán a su gente para escalonar nuevos cargos en el 2021, principalmente hacia la gubernatura) estará participando para romper ataduras, viejos vicios electoreros, haciendo prevalecer su decisión para cambiar las cosas, o aceptarlas como están, porque así se los dicta su conciencia.

    Por lo pronto los partidos –más el PRI-, están en la encrucijada de presentar candidatos a la medida de lo que el electorado exige, o lo que los caudillos dispongan, porque es indudable que en todos los institutos políticos hay «hombres únicos y providenciales», caciques, pues.

    Le saludo, lector.