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Historia del Pinacate

  • Escrito por Periodico Vanguardia

Sitio utilizado para los ensayos de la NASA en el proyecto Apolo, por su enorme parecido al suelo lunar y donde han reportado avistamientos del fenómeno Ovni, la Sierra del Pinacate es llamada por la etnia O´odham El Lugar de los Dioses, donde nació el universo.
La reserva de la Biósfera de la Sierra del Pinacate tiene en total 714 mil hectáreas de zonas volcánicas consideradas aún extintas y cuenta con 96 mil hectáreas de zona núcleo parecida al suelo de la luna.

El área es característica y no existe otra igual en el mundo- salvo una parecida en Hawai- por sus 500 cráteres, 400 cerros o volcanes de moruza, un sin fin de ríos de lava petrificada. Este es el hábitat de cientos de especies animales y vegetales.

El sitio ha sido moldeado por el magma del centro de la tierra, que ha fluído a la superficie en los últimos cuatro millones de años, según geólogos que han estudiado el lugar.

De acuerdo a historiadores regionales, a finales del período mioceno, hace 25 millones de años,  la región desértica de El Pinacate era un bosque que fue sepultado por las erupciones volcánicas que allí se presentaron.

El Pinacate, llamado así por el término azteca Pinaacatl, significa escarabajo, un animal que abunda en esa área, llamado precisamente Pinacate. Esta zona tiene una de las más grandes riquezas arqueológicas del noroeste del país.

En 1979, por decreto del entonces presidente José López Portillo, la región quedó bajo el régimen de área protegida, pero fue hasta el 10 de junio de 1993, que el presidente Carlos Salinas de Gortari decretó la Reserva de la Biosfera, junto con el Gran Desierto de Altar.

En el área central están esparcidos unos 400 cerros de moruza – conos- que fueron levantados por erupciones volcánicas desde dos mil y hasta diez mil años atrás, según investigadores sonorenses y norteamericanos, cuyos trabajos fueron recopilados en el documento del Sistema de Areas Naturales Protegidas del Estado de Sonora.

Este tipo de estructuras geológicas son las que más llenan el concepto popular de volcán y están construidas de materiales piroclásticos (fragmentos de roca fundida y reventada) de ceniza y carbonilla, que fueron expulsados con violencia desde el subsuelo y se amontonaron alrededor del orificio, fuente de lava.

Cada cerro tiene entre 60 y 100 metros de altura y tiene forma de cono, sus materiales están semisueltos o sueltos y cuando surgieron, las erupciones tardaron pocos meses en registrarse.

La Sierra de Santa Clara o del Pinacate, una montaña en forma de escudo, es la característica central del área, que alcanza un diámetro de unos 30 kilómetros y una altura máxima de mil 500 metros.

Esta montaña se erigió por erupciones repetidas que debieron empezar cuando menos hace tres o cuatro millones de años. Al contrario de los cerros cónicos de moruza, esta sierra tiene sus laderas extendidas, que se formaron cuando la lava fluyó muy lejos del orificio original.

El nombre de Sierra de Santa Clara le fue otorgada por el padre jesuita de origen italiano Eusebio Francisco Kino, quien en 1701 llegó a la cumbre, dentro de sus viajes de exploración y fue el primero en reconocer el origen volcánico de la zona.

En la parte alta de la montaña existen tres cerros de moruza, mismos que surgieron muchos años después de terminada esta formación.

Además, la lava salió por grietas y fisuras de las laderas de la montaña, llenando los cañones con lava fundida, de tal forma que parece como si se hubiera enfriado y endurecido en fecha reciente.

En tanto, los ríos de lava se formaron cuando ésta fluyó del magma, pero los gases que la expulsaron no tuvieron la suficiente fuerza para romperla en pedazos.

Fue entonces que la roca líquida salió de innumerables volcanes y se extendió por los suelos, donde formó dos tipos de ríos rocosos, cuyos nombres fueron tomados de Hawai: La lava “ pahoehoe” y la lava “ aa”. La “pahoehoe” es suave, acanalada y se observa como nieve de chocolate, mientras que la “aa” son rocas estrujadas, duras, rugosas y filosas. Ambos tipos de lava corren por cientos de metros o kilómetros y tienen varias formas bizarras.

Uno de los tubos o ríos de lava, cercano a la base del pico “Carnegie”, es un sitio sagrado para los integrantes de la tribu Tahono O’odham, como se llaman a sí mismos los Pápagos, indígenas de la familia Pimacora.

El volumen total de la lava basáltica emitida, se estima entre 150 y 180 kilómetros cúbicos. Se han encontrado alrededor de 600 flujos de lava, de los cuales casi el 95 por ciento están formados por tipo “aa” y un cinco por ciento por tipo “pahoehoe”.

En el lugar existen 500 cráteres, entre los que destacan El Elegante (por su perímetro, que forma un círculo casi perfecto), McDougal, Kino, Díaz, Cerro Colorado, Sykes, Celaya, La Luna, Badillo, Lynch y Molina. El más grande es El Elegante, que tiene 250 metros de profundidad y un diámetro de 1, 200 metros.

Por sus características, que asemeja un suelo lunar, la Administración Nacional Espacial y Aeronáutica (NASA) de Estados Unidos, seleccionó en 1967 a esta región para sus experimentos del proyecto Apolo.

Testigos de esos hechos comentan que Neil Armstrong, comandante del Apolo 11 y el primer astronauta que pisó la luna el 29 de julio de 1969, estuvo en El Pinacate. En aquel entonces, un grupo de catedráticos y profesores de San Luis Río Colorado acudieron a esa región para conocer el proyecto estadounidense, pero, dicen, soldados de Estados Unidos impedían el acceso al lugar, con anuencia del gobierno mexicano.

Entre las especies que se encuentran en el lugar están jabalí, berrendo, borrego cimarrón, venado bura, puma, gato montés, especies de zorros y coyotes, palomas, reptiles, insectos, arácnidos y sapos en temporadas de lluvia. En cuanto a las especies vegetales destacan sahuaro gigante, palo fierro, mezquite, palo verde, un arbusto medicinal llamado gobernadora, choyas y nopales.

Los primeros habitantes de la región fueron miembros de la cultura “San Dieguito”, que según Julian Hayden, geólogo de Tucson, Arizona, autoridad científica en El Pinacate, llegaron al lugar hace unos 40 mil años, pero abandonaron el área cuando miles de años después se registró una sequía.

Cientos de lustros posteriores, los sandieguinos, cazadores y recolectores, regresaron a El Pinacate, pero fueron obligados a retirarse por una nueva sequía.

Al final de este período seco, hace unos cinco mil años, un grupo diferente, llamado “Amargosanos”, se movió hacia esa área y desarrolló un estilo de vida y cultura muy semejante a sus predecesores, los sandieguinos. Probablemente, los “Amargosanos”, que vivieron en el área por cuatro mil años, sean los ancestros de las etnias Pima y Tohono O’odham ( pápagos), que actualmente habitan en Sonora y Arizona.