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Estamos lejos todavía del inicio oficial de las precampañas y más aún de las campañas, sin embargo ya leemos el prólogo de lo que será uno de los más despiadados procesos electorales, en el que van a rodar por los suelos vidas y honras.

Nunca han sido, estos procesos, un referente de limpieza, ética, valores, respeto y/o civilidad. Pero en tiempos de redes sociales, regulaciones laxas e insuficientes, y de un desbordamiento de pasiones en el que cualquiera supone que merece un cargo de elección, la etapa previa, la de elección interna provocará en los partidos políticos una cruenta batalla en la que muy pocos llegarán limpios a la jornada electoral.

En el plano nacional, la filtración del video donde aparecen un par de ex funcionarios de la cámara de diputados federal retacando maletas con gruesos fajos de billetes (en el contexto del caso Lozoya) es apenas una probadita.

Que entre otras cosas, sirvió para refrescar la memoria sobre aquel episodio de Bejarano y sus ligas, donde el hoy encargado de los programas sociales de AMLO apareció en un episodio similar. 

Cierto que Bejarano fue a la cárcel y cumplió su sentencia, lo que de alguna manera habla de que la justicia, con todo y sus asegunes y las consideraciones políticas del caso, funcionaba.

Pero en el caso Lozoya y sus implicados hoy, no se trata de justicia, sino del escarnio público, la descalificación y la confirmación de una narrativa que ha encontrado en los corruptos del pasado el contraste a la honestidad valiente del presente.

Pero las redes sociales son, como la resbaladiza lectora, el trastabillante lector lo saben, la proverbial casa del jabonero donde el que no cae resbala. Casi nadie está a salvo.

La fiebre del mercadeo político-electoral creó en los últimos años una legión de presuntos especialistas en imagen pública, estrategias electorales; publicidad y propaganda, campañas negras y de contraste. 

En realidad, la mayoría son aficionados, diletantes de la grilla con acceso a cierta información recopilada a lo largo de su ‘chapulineo’ de partido en partido, que eventualmente les servirá para apuñalear por la espalda desde cualquier cuenta anónima a sus propios ex correligionarios.

Finalmente es la disputa por el poder y en ella no hay tregua ni armisticio; ni reglas ni protocolos, ni temor a las leyes y sanciones. Con un agregado: hay suficientes elementos para prever que en la próxima campaña electoral el dinero del crimen organizado va a fluir a raudales para apuntalar candidatos y candidatas.

Hipocresías y golpes de pecho aparte, es claro que la narcopolítica ha permeado a todas las fuerzas electorales en disputa y ya no es patrimonio de las que fueron desplazadas en 2018 y buscan regresar en 2021, sino también de las que triunfaron hace tres años. 

Lo que ocurre en Guaymas sintetiza ambas cosas: la guerra intestina de los partidos políticos y la tenebrosa infiltración del narco en los gobiernos. Y citamos el caso Guaymas porque allí los pillaron en una llamada escalofriante, pero seguramente en todos los niveles de gobierno se presentan casos similares, aunque unos se cuidan más que otros.

Sin duda el caso Guaymas le pegó fuertemente a Alfonso Durazo en la opinión pública, pero sobre todo en el gabinete y, ojo, en su relación con las fuerzas armadas. Fue él quien llevó al almirante Andrés Humberto Cano Ahuir a la dirección de Seguridad Pública en Guaymas, en su estrategia de militarizar los mandos policiales preventivos en cinco municipios de Sonora.

De la nada, ayer se viralizó otro video. En él aparece Benjamín Hurtado, ex delegado de la SRE protagonizando un pequeño escándalo con agentes de la policía municipal de Hermosillo. Un asunto menor, si se quiere, pero que lo muestra con algunas copas entre pecho y espalda, alegando con los municipales.

El altercado no pasó a mayores, pero ese no es el punto. La cuestión es que en el video, aparece Petra Santos Ortiz, la ex representante de Sedatu en Sonora, que fue defenestrada del cargo después de entrar en conflicto con el súper delegado Jorge Taddei, que a su vez ostenta ese cargo gracias a Alfonso Durazo.

Petra ha intensificado su activismo para alcanzar la candidatura de Morena al gobierno del estado y ha externado posiciones muy críticas contra el de Bavispe, al que no baja de ‘chapulín’ aludiendo a su paso por el PRI, el PAN, MC, el PRD y ahora en Morena.

El video ni siquiera es nuevo. En el parte policiaco con el que complementan el contenido, se alude a Benjamín Hurtado como delegado de la Secretaría de Relaciones Exteriores, un cargo al que llegó gracias a su relación con el titular de esa dependencia, Marcelo Ebrard, un hombre que desde aquellos aciagos días del 94’ cuando ambos eran priistas formaba filas en el equipo de Manuel Camacho, mientras Durazo lo hacía con Luis Donaldo Colosio.

Todos sabemos en qué terminó esa tragedia.

Pero Benjamín Hurtado presentó su renuncia a la delegación en abril pasado y en su lugar entró Ignacio Cabrera. En la página de la SER sigue apareciendo Benjamín como delegado, pero eso no significa nada, pues eso de atender y actualizar las páginas institucionales no se les da mucho en la 4T.

A Benjamín o a Petra, ambos alfiles de Ebrard en Sonora se la tenían guardada desde hace meses. Y consideraron que este era el momento preciso para el escarnio. Y lo consiguieron.

Francamente, no creo que la filtración de ese video sea obra de Alfonso Durazo. Sus ocupaciones son suficientemente graves para involucrarse en temas tan domésticos y corrientes.

Pero, como dijimos al principio, abundan los acomedidos, aficionados, diletantes de la tenebra que soltaron el video para golpear no a Benjamín, sino a Petra, advirtiéndole con ello que si insiste en golpear a su jefe, no habrá compasión.

Quienes filtraron el video no midieron las consecuencias ni les importa. Ellos están festejando por todo lo alto el descrédito, el daño, la chinga que le pusieron a los alfiles de Marcelo Ebrard en Sonora. 

No les interesa mucho si el escándalo proyecta a Morena como un partido en el que las diferencias se dirimen en el estercolero. Total, llegado el momento, ellos regresarán al PAN, o al PRI, o a cualquier otro partido que considere útiles sus servicios.

Y esa es, en todo caso, la arista más grave de este asunto. Confirmar que todo aquello contra lo que se votó en 2018, sigue tan vigente como antes.

Y que podría empeorar ante el ya inminente arranque de las campañas.

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