Inicio Arturo Soto Estampas desde la aldea III

Estampas desde la aldea III

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En la fila de una caja en el supermercado, una señora trata de buscar la sana distancia entre la persona que tiene enfrente y la que, desde atrás se acerca demasiado, ignorando la cruz pintada en el piso para marcar la separación de los clientes.

La señora lo conmina a cumplir las instrucciones, amablemente. El tipo se ríe. “Es puro pedo eso”, le dice. Y agrega con un mohín que pretende ser gracioso, encogiendo los hombros: “de todos modos nos vamos a morir”.

Muy seria, la señora le espeta: “pues muérete tú, pero respeta a los demás.

El tipo toma su distancia sobre la cruz pintada en el piso, pero no abandona una sonrisa que pretende ser sardónica pero en realidad es idiota.

II

A las 10: 10 de ayer, la colega y amiga Lourdes Encinas posteó en su cuenta de Twitter: “Una tía de mi mamá y el suegro de un tío fueron ingresados  ayer por Covid19 en Obregón. Ambos mayores y con enfermedades preexistentes. Sus hijos desconsolados porque no pueden acompañarlos. Shit is real”. #QuedateEnCasa.

A las 21:36 cerró el hilo: “La tía de mi mamá falleció. Sola. Sus hijos no se pudieron despedir de ella. El hospital les pidió el ataúd para entregar el cuerpo y directo al panteón, sin tiempo para procesar nada. No se confíen, estamos en la peor etapa”.

III

Días antes, un diputado local reclamaba airadamente que las actividades productivas deberían reanudarse ya porque el coronavirus no es tan grave y él no conoce ni un solo caso. Su propio coordinador parlamentario le recordó allí mismo que su ex esposa y un hijo suyo acababan de dar positivo al test. Una semana antes, una diputada reclamó al secretario de Salud que la gente en su distrito le estaba exigiendo vacunas contra el Covid19 y las autoridades deberían entregarlas.

IV

Entre el valemadrismo y la falta de cultura para convivir con un asesino invisible, en Sonora parece estar echándose por tierra las buenas cuentas que se sacaban en aquellos días, cuando se adelantaron medidas de prevención y contención frente a lo que se veía venir.

Hoy, la posibilidad de que el sistema hospitalario colapse y, metafórica e hiperbólicamente, no nos alcancen los vivos para enterrar los muertos, aparece en ese horizonte donde la curva de contagios no se aplana y al contrario, las cifras empujan las fechas de la contingencia hacia un momento indefinido.

Antier hubo seis muertes y ayer siete. 79 y 73 nuevos casos de contagios en estos dos días, respectivamente.

Los llamados de las autoridades de los tres niveles de gobierno han sido muchos y en todos los tonos, de todas las formas. Y la manera en que mucha gente los desoye integra un bizarro almanaque de estampas que documentan la vocación temeraria de quienes suponen que té de canela basta para superar la enfermedad. 

Los números sin embargo, configuran un escenario más que dramático. Los tiempos estimados para aplanar la curva de contagios ya quedaron atrás y peor aún, las más recientes cifras indican que en los próximos días veremos duplicarse los casos cada semana, de acuerdo con especialistas que están siguiendo de cerca el comportamiento de la pandemia.

No es casual que ayer haya salido la gobernadora a emitir un mensaje advirtiendo sobre esa inexorable tendencia al incremento de contagios y, consecuentemente, al momento que nadie quisiera ver llegar: el de los hospitales y clínicas saturadas, el de la incapacidad del sistema hospitalario para atender todos los casos.

Los dramas personales, los casos aislados, los relatos de gente cercana y no tanto, pasarían en breve a convertirse en una narrativa que sume cada vez más familias al dolor y la tragedia.

Nadie quisiera que llegara ese momento, pero muchos empujan con sus actos, hacia ese destino. Qué lamentable.

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