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Adalberto Rosas, demostró que en política, la alianza con el pueblo es el camino a seguir.-

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Bernardo Elenes Habas

Adalberto Rosas, demostró que en política, la alianza con el pueblo es el camino a seguir.- Legítimo luchador social que marcó huella en Cajeme.- En “El Centenario”, papelería de Miguel Serrano, nació su tonadilla de campaña por la alcaldía, desde la guitarra y la voz de Marco Antonio Ballesteros “El Colorado”

Bernardo Elenes Habas

(En enero de 2019, publiqué la presente crónica en memoria de un cajemense distinguido: Adalberto Rosas López. Hoy, al cumplirse el tercer aniversario de su muerte, la entrego actualizada a mis lectores).

Adalberto Rosas, su lucha

Cuando Adalberto Rosas decidió convertirse en alcalde de Cajeme, desde las siglas del PAN, antes de que concluyera su administración priísta el doctor Oscar Russo Vogel (1976-1979), a quienes primero informó de ese objetivo, fue a una pléyade de estudiantes del ITSON que, por las noches, se reunía en la papelería “El Centenario” de Miguel Serrano, por la calle Chihuahua, frente a la institución educativa.

Y, entre acordes de guitarra, cantos rebeldes y poemas, brotaban voces de apoyo para “El Pelón Rosas”. Pero también, había actitudes críticas de una generación heredera de los movimientos del 68 y de la guerra sucia contra los jóvenes en los 70, que no apagaban, del todo, sus tizones.

Ahí solían hacer causa común, en torno a la poesía, la canción y las ideas, Francisco Vega, Alejandro Mungarro, Eustaquio López, Bernardo Elenes, Fermín Andrade, Jesús Antonio Salgado, Daniel Delgado, Rigoberto Badilla, Juan Carlos Ruiz Rubio.

Cierto, no comulgaban la mayoría de los contertulios, con la ideología conservadora del PAN. Y así se lo dijo a Adalberto, de frente –lo recuerdo bien-, el poeta y declamador, posteriormente periodista, Jesús Antonio Salgado. Pidiéndole buscara la alternativa de otros partidos, sin los extremos derechistas de Acción Nacional.

Adalberto, joven impetuoso, a la sazón presidente del consejo del ITSON, había tomado su decisión, y buscaba -lo dijo siempre-, construir la nueva historia política y social de Cajeme y de Sonora.

Rosas López y Vizcarra Ozuna

Con esa convicción, sopesó sus alternativas entre los estratos sociales del Municipio, intentando el apoyo de agricultores y empresarios, sin lograr este respaldoen forma amplia, porque ya se perfilaba desde el PRI, a don Francisco Obregón, hijo del caudillo de la Revolución Álvaro Obregón Salido, a quien le auguraban éxito rotundo en las urnas, con una definitiva manifestación de la tradicional “cargada”, que se constituía en parte de las estrategias de triunfo electoral del tricolor.

Rosas López no se arredró. Por el contrario, casi desde la soledad de sus convicciones campesinas y de luchador social (era sobrino del líder mártir Maximiliano R. López, asesinado una noche de espesa neblina en su domicilio de la calle Coahuila, entre 6 de Abril y Jesús García, el 26 de noviembre de 1953, como consecuencia de su honestidad y de la defensa del ejido colectivo, en tierra de caciques), inició su campaña a ras de tierra. Visitando familias casa por casa, barrios, colonias, comunidades, entregando una tarjeta de presentación donde ofertaba su candidatura ante los ojos y la conciencia de hombres, mujeres, jóvenes, como un cajemense dispuesto a propiciar con rectitud a toda prueba, el cambio que le urgía a la comunidad.

Y, adheridos a sus recorridos interminables y sin tregua por las calles de la ciudad, entre el polvo de las colonias más olvidadas, acompañado por dos o tres carros de sonido de colaboradores voluntarios, sembraba la ruta de la dignidad, con una pegajosa tonadilla surgida de la guitarra y de la voz de Marco Antonio Ballesteros “El Colorado”.

Esa tonada lírica había nacido precisamente en las noches bohemias del “Centenario” propiedad de Miguel Serrano, sin más letra que la repetición rítmica del “para-pan-pan-pan-pan-pan”, que “El Pelón” convirtió en un himno de esperanza para las familias más vulnerables y abandonadas, para mujeres, jóvenes, obreros, campesinos, ante el asombro de sus opositores políticos.

El voto del pueblo lo hizo alcalde

ARL traicionado por el PAN

Se llegó el primer domingo de julio del 79, y pese a las campañas de desprestigio y de odio, estrategias recurrentes del partido mayoritario con su compra de votos para doblegar a Rosas López, éste creció en el ánimo de la gente, más cuando se sumó con decisión y valentía su esposa, Betina Mazón, conformando una pareja joven, no de políticos en busca de poder, sino de ciudadanos dispuestos a demostrar la verdadera esencia del servicio público, porque la gente había decidido que entrara un cambio de siglas y colores a Palacio Municipal, y el doctor Russo Vogel, de raíces priístas pero profundamente liberal, entregó, con alta dignidad y respetuoso del voto popular, los destinos del Municipio, por primera vez a un militante del PAN. Hace 41 años.

Se abrieron las puertas de Palacio

Las puertas de Palacio Municipal se abrieron para la ciudadanía en general, sin preferencias ni distingos, a partir del 16 de septiembre de hace 51 años. Y ahí estaban el alcalde de raíces campesinas y su esposa Betina, junto a sus regidores Rebeca de Amaya, Francisco Tiscareño Horcasitas, Pablo Ávila Castro, Cornelio Mendoza Valenzuela, Leonel Salinas Romandía, Marco Aurelio Jaime Ortega, José Guadalupe Jumilla Segura, Francisco Schwarzbeck, Venustiano Yucupicio, Humberto Sandoval Castro.

Dos años de la muerte de Adalberto

Hoy, 25 de enero, se cumplen 3 años de la muerte de Adalberto Rosas López. Ex alcalde, quien luego fuera diputado local, candidato a la gubernatura de Sonora y a la presidencia de la República por el PAS. Quien recibió golpes y traiciones de su propio partido –PAN-, del que se desligó, pero sin dejar su calidad de luchador social, convirtiéndose en uno de los cajemenses más combativos contra el despojo del agua al Valle del Yaqui y a la tribu, por Guillermo Padrés y su sexenio azul, a través de la construcción de acueducto Independencia.

Jamás perdió su actitud crítica, con una visión presente y futura del devenir de los pueblos.

Bien lo recordó hace tiempo Alberto Vizcarra, miembro del Movimiento Ciudadano por el Agua, con un texto-homenaje, del cual cito una parte, donde deja testimonio de su admiración y lealtad por el amigo: “Adalberto tenía un dejo de aversión a las ideologías, no creía en los esquemas. Era un observador agudo de la dinámica social. Un agrónomo que merecía título de sociólogo. Advertía los mecanismos de control y división que están detrás de las connotaciones de izquierda y derecha, de ricos contra pobres. Supo desplegarse por encima de esas geometrías. Su inclinación era hacia la idea de pueblo, un concepto que comprende a todos los sectores y estratos de la sociedad. Su liderazgo fue factor determinante para que los productores rurales del Valle del Yaqui trazaran una alianza con el pueblo Yoreme y establecieran un pacto por la defensa de las aguas del Río Yaqui”.

Adalberto retó al sistema en días de tormentas políticas y avasallamiento oficial. Cuando posturas rebeldes y de señalamientos frontales como las que él mantenía, podían costar la vida. Cuando la información era susceptible de tergiversarse, sin que hubiese manera de demostrar la verdad, no como sucede ahora con las redes sociales, que superan en tiempo y velocidad a muchos medios informativos. Reinventó la resistencia civil. Habló siempre con claridad, y en su lenguaje franco, a veces con matices irónico, estaba implícito el sentimiento de rebeldía que le nacía desde sus raíces de pueblo.

La última batalla del “Pelón” Rosas, la libró el 25 de enero de 2017 a los 75 años de edad, cuando trascendió sus propias dimensiones, entrando a la historia de Cajeme y de Sonora, convirtiéndose en leyenda, la que pervivirá por siempre en el Valle del Yaqui.