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Cajeme y la violencia en elecciones.-

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Bernardo Elenes Habas

Cajeme y la violencia en elecciones.- Crónicas para la historia (No. 121).- Las condiciones objetivas y subjetivas se están dando en el Municipio, para que el proceso del 2021 sea muy accidentado.- La comunidad ya vivió, entre otros casos, el del “Contrerismo” en 1958, y el de Pablo Ávila, 1982

Bernardo Elenes Habas

Se percibe que la guerra por el poder en Cajeme, será accidentada.

Esas batallas comienzan a darse entre opositores en siglas y colores. Pero también, entre quienes son parte de un mismo partido, movimiento, grupos. Aflorando un canibalismo feroz.

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Apenas ha transcurrido el primer mes del año y brotan, con mayor virulencia, esas pasiones. Se vuelve evidente la forma y el fondo de cómo los personajes que han venido construyendo paso a paso sus objetivos político-electorales, desde el 2018 y antes, mantienen esa pasión, sin pedir ni dar treguas.

En Cajeme, existen varios procesos electorales que hicieron historia por sus complejos desarrollo y desenlaces. Pero, son emblemáticos dos:

El llamado “Contrerismo” con registro en el año 1958, siendo alcalde René Gándara Romo, quien había sucedido a Rodolfo Elías Calles. En ese tiempo la oposición era débil y el PRI se constituía en partido predominante. No obstante, a su interior surgían las ambiciones, los enconos, cuando dicho partido se disponía a darle continuidad a su hegemonía para relevar mandos en Cajeme.

Así sucedió en el 58, cuando el tricolor anunció como su precandidato a la alcaldía a un prominente agricultor: Gabriel Gallegos Campoy. Pero, se les salió de control su combativa central obrero-campesina CTM, que también tenía aspirante en la persona de Rafael Contreras Monteón, apodado El Buqui por su juventud, generándose la lucha PRI contra PRI.

Los dirigentes del Revolucionario Institucional en ese tiempo (Atanasio Aragón Gámez era presidente del Comité Municipal), sopesaron la fortaleza que Contreras Monteón alcanzaba entre priístas y sociedad en general. Por ello buscaron una salida negociada con El Buqui, a quien pidieron desistiera de su empeño y cambiarían candidato. Es decir, no sería Gallegos Campoy, nominando a otro agricultor: Gilberto Oroz.

Pero, aunque Contreras había aceptado ese acuerdo, sus impulsores de la CTM y de la ciudadanía en general no desistieron de su empeño para convertirlo en

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alcalde. Y reanudaron con él al frente, su labor.

Contreras y sus seguidores fueron desconocidos como cetemistas (y por ende como priístas) por el mismo Fidel Velázquez. Procediendo los ex cetemistas a crear un nuevo instituto político, el Partido Democrático de Cajeme.

Los candidatos que llegaron a las elecciones del 6 de julio de 1958, fueron Gilberto Oroz, por el PRI. Rafael Contreras, Partido Democrático de Cajeme (PDM). Rafael A. Ramos, por el PP (Partido Popular).

Las elecciones fueron sumamente accidentadas, como habían sido las campañas. Surgieron brigadas de choque. El Ejército vigilaba el proceso patrullando la ciudad. Y en la casilla número diez, ubicada por la calle 5 de Febrero a la altura del hotel Kuraica, se suscitó un acto violento. En la refriega cayó muerto Pascual Acuña Gallegos, por la bala surgido del fusil de un soldado…

Contreras Monteón ganó las elecciones, pero el proceso fue anulado por el Congreso del Estado, nombrando un Consejo Municipal que presidió J. Encarnación Chávez, durante el periodo (1958-1961).

Otro proceso sumamente complejo, fue el celebrado en 1982, cuando contendieron por la alcaldía Eduardo Estrella Acedo, del PRI; y Pablo Ávila, PAN. Era presidente municipal Adalberto Rosas López.

El contrerismo 2

Adalberto se declaró en rebeldía. Convirtió al Ayuntamiento en órgano electoral, donde se tenían las urnas, realizando el conteo de voto por voto, y declaraba triunfador al panista.

Rosas López y su partido en ese tiempo, tuvieron que disciplinarse ante el Congreso y el Gobierno del Estado. El PRI se quedó con la Presidencia Municipal.

Como expreso al principio de la crónica, se advierte actualmente que las elecciones que vienen serán sumamente difíciles. Habrá discrepancias, ausencia de unidad entre los mismos partidos y grupos. Y la lucha por el poder estará revestida de crudeza. Ya hay indicios de ello.

Ojalá las ambiciones, la sed de mando, no ciegue a los actuales aspirantes y eviten conducir a los electores a extremos de violencia, en un ambiente de por sí enrarecido por el crimen organizado y por fanatismos a ultranza.

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