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Los barriqueros, en el Cajeme viejo.-

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Bernardo Elenes Habas

Los barriqueros, en el Cajeme viejo.- Crónicas para la historia (No. 123).- El español Domingo García Gutiérrez, operaba en los años 40 un pozo-tinaco en calles Saperoa (ahora 6 de Abril) y Coahuila.- 15 pesos era el costo de placa de circulación para carretas, por un año.- Tres botes de agua por diez centavos

Bernardo Elenes Habas

El Cajeme viejo fue asombroso.

Su semilla rural y la idiosincrasia de sus pobladores -la mayoría de raíces campesinas-, le hacían dar la impresión de que su paisaje, sería eterno.

Que jamás cambiaría su cielo límpido surcado por parvadas de gorriones, palomas, patos silvestres. Predominando la claridad de los cerros al oriente, con el silbato del tren y su penacho de vapor anunciando la esperanza…

6 de Abril y Coah2

Que sus casas, la mayoría chinames (horcones apuntalando techos con tarima de carrizo o palos de pitahaya, con tierra blanca encima. Paredes también de carrizo, ripiadas con lodo), jamás cambiarían.

Que por sus calles desnudas, circularían por siempre las carretas de barriqueros, tiradas por mulas o caballos, surtiendo de agua a las familias en sus viviendas, y los vendedores de leña de mezquite para atizar las hornillas.

Que en los tanichis o incipientes abarrotes, se vendería a través de los años destilado, combustible derivado del petróleo para alimentar las lámparas que daban luz a las casa por las noches, cuando, como nunca, se podía mirar las estrellas, el Caminito de Santiago (Vía Láctea), Ojitos de Santa Lucía, Los Carritos (Osa Mayor y Osa Menor), tiempos en que los niños con inocencia, jugaban a alcanzarlas con sus manos…

En los años 40, pues, funcionaba en la esquina de calle Saperoa (ahora 6 de Abril) y Coahuila, un pozo de agua dulce (Tinaco, le llamaban los cajemenses), operado por Domingo García Gutiérrez, quien había llegado a la región del Valle del Yaqui procedente de su natal España.

En la misma área, calle Colima y Cuchus (hoy Jesús García), prestaba también servicio de abastecimiento de agua a barricas, otro tinaco.

6 de Abril y Coah1

Aunque en la ahora Plaza Lázaro Cárdenas, perforó un pozo José Camalich, en 1925, cuando Cajeme era Comisaría, y el lugar era conocido como Plaza del Dipo, años después sería 18 de Marzo.

(La casa de don Domingo, ubicada en la esquina de 6 de Abril y Coahuila, construida en 1935, de acuerdo a comentario de Rigoberto Monge, vecino del lugar, está siendo demolida actualmente para darle paso a la modernidad; vivienda de dos pisos tan bien hecha, con anchas paredes de ladrillo y castillos, que los obreros que realizan su demolición están batallando en estos días de febrero, grandemente).

Cuando fue presidente municipal Heriberto Salazar (1943-1946), los barriqueros realizaron un plantón exigiendo se autorizara el precio de 1 peso por barrica, asimismo que en lugar de dar 2 latas mantequeras con agua por 5 centavos, fueran 3 latas por 10 centavos, demanda que aceptaron las autoridades.

Ser barriquero, era todo un oficio. Porque quienes ejercían esa actividad, tenían que cuidar y alimentar las mulas, cuidar y darle servicio a las carretas donde se empotraba un gran barril de madera, parado, ajustado con cinchos de acero. Acudir en horas de la madrugada, diariamente, a llenar sus recipientes, luego recorrer sus rutas para recibir el llamado de las amas de casa pidiendo la descarga del vital elemento, con lo que cumplían.

Domingo García1

Domingo García, además de tener la concesión del pozo de agua, por la que pagaba al Gobierno Federal 78 pesos anuales, poseía una flotilla de barricas, las que rentaba o cedía a comisión a los repartidores del líquido, de tal manera que hay documentos extendidos por Tesorería del Ayuntamiento de Cajeme el 3 de febrero de 1950, amparando el pago de 27 placas de circulación para carretas con vigencia de un año, por un total de 407 pesos.

Era la transformación de Cajeme

Ciudad Obregón era apenas un pueblo polvoriento. Con lodazales en sus calles durante la temporada de lluvias. Pero, con disposición de sus pocos habitantes a construir la ruta del progreso.

Cierto, se constituía en cabecera municipal desde 1928, pero evidentemente le quedaba grande la categoría de ciudad, no obstante que prevalecía voluntad en los alcaldes que ocupaban el cargo y que gestionaban recursos ante las autoridades estatales, motivando a las familias para que se sumaran y se atrevieran a soñar en grande.

Así pasaron por la alcaldía Ignacio Ruiz Armenta, 1928; Ignacio Mondaca, 1928-1929; Gustavo Cuevas, 1929-1930, etapa en la que Cajeme vivió el llamado Movimiento Renovador, propiciado a nivel nacional por el general José Gonzalo Escobar contra Plutarco Elías Calles, cuyo objetivo era evitar que el llamado Jefe Máximo impusiera a Emilio Portes Gil en la presidencia de México, luego que murió asesinado el presidente electo Álvaro Obregón. Gonzalo Escobar fue derrotado, no sin antes dejar huella en el Municipio donde se suscitaron bombardeos.

Y pese a los contratiempos que se generaban en los procesos electorales de Cajeme, con el predominio del partido fundado por Calles (PNR, luego sería PRM y actualmente PRI), donde también hacía valer sus fortalezas la CTM al interior del tricolor, e igualmente el Partido Popular Socialista, la comunidad siguió avanzando, fortalecida en la actividad primaria de la agricultura y un visionario comercio que crecía.

Sin embargo, las pasiones políticas –como sucede ahora-, entorpecían los mandatos de los alcaldes electos, incluso oponiéndose violentamente a que algunos ocuparan sus cargos, como sucedió en el periodo 1935-1937, donde Crisógono Elizondo fue declarado triunfador en las urnas, pero la fuerza combativa de los grupos obrero y campesino no le permitieron ejercer, designando el gobernador Ramón Ramos un Consejo Municipal encabezado por Antonio Salmón, quien debería convocar a nuevas elecciones.

Domingo García2

Ese tipo de acciones se repitieron a través de un largo trayecto electivo municipal, situación que, ciertamente, se constituyó en retraso para el florecimiento anhelado de una comunidad que estaba destinada a marcar rumbo en el sur de Sonora, y a convertirse, con el tiempo, en el segundo municipio más importante de la Entidad.

Los barriqueros

El servicio de abastecimiento de agua entubada se lograba por las familias que podían realizar esa inversión; o bien, a través de la construcción de norias, y el grueso de la población con la compra del vital líquido a los barriqueros, en un largo trecho de la microhistoria regional.

Estos personajes fueron indispensables con sus carretas movilizadas por mulas, con una barrica de madera ceñida por tres aros de fierro, que le daban consistencia al cubo, sin permitirle fugas del vital líquido, empotrada sobre la carreta de dos ruedas de madera.

Todavía en los años 50, la calle 6 de abril se convertía en tropel de cascos, herraduras y barricas provenientes de la parte poniente de la ciudad, principalmente de la colonia Hidalgo, para llenar sus depósitos en los pozos ubicados sobre la misma 6 de abril esquina con Coahuila, propiedad de los “Gachupines”, como se le conocía a la familia de don Domingo García. O bien, por la calle Jesús García y Colima, donde funcionaba otro centro de suministro.

Los niños de esa época recuerdan los gritos, silbidos, cantos, latigazos al aire de los vendedores de agua, y el nutrido golpeteo de los cascos de los caballos sobre las calles trazadas sobre la tierra, cuando el sol no asomaba en el oriente aún, y llegaban a los pozos para enseguida iniciar la distribución en los hogares.

Cinco centavos, luego 10, 25 y al paso de los meses 30, costaba la lata mantequera acondicionada con agarradera para vaciarla en los recipientes de las amas de casa. Y los barriqueros como Daniel Miranda y Pedro Gómez, recorrían las polvorientas calles Cuchus (Jesús García); Saperoa (6 de Abril); Tézamo ((Niños Héroes), esperando ser llamados, a su paso frente a los breves chinames de horcones, con techo de tierra y paredes de carrizo reforzadas con barro.

Era un oficio digno ser barriquero. Hombres jóvenes y maduros, vistiendo ropa de mezclilla y sombrero de palma, con un monedero de cuero en su cintura, donde resguardaban el producto de sus ventas. Ellos le silbaban o cantaban a la quietud del día al ritmo lento de sus bestias mientras hacían los recorridos, y tal vez soñaban en que esa actividad sería para siempre, sin pasar por sus mentes rurales que algún día el agua sería entubada y llegaría a los linderos de cada hogar con medidores…

Los leñeros

Los barriqueros en Cajeme

Otros personajes típicos e indispensables en el Cajeme viejo, fueron los vendedores de leña. Igualmente se desplazaban con sus cargas de mezquite seco y barañas, que entregaban en las casas, donde las hornillas de adobe esperaban el combustible para el cocimiento del frijol, el hervido de café de talega tostado en casa, la preparación del cocido, los quelites, chuales, verdolagas recolectadas a la vera de los canales o en los llanos.

Ellos fueron desplazados, al paso de los años, por las estufas de petróleo primero, luego las de gas.

Pero también se volvía necesaria la compra de destilado o petróleo en los pocos abarrotes que había, o en expendios exprofeso, porque era el combustible de cachimbas y lámparas de mecha y tubo de cristal que alumbraban tímidamente las penumbras de las casitas, a veces con flamas temblorosas debido al viento norte que se colaba entre las rendijas de las puertas de madera y los carrizos de las paredes, anunciando, junto con el graznido de la lechuza que cruzaba el cielo estrellado, un frío invierno…

Es verdad que algunas casas y negocios del centro contaban ya con luz eléctrica desde 1925, proveniente de la planta generadora instalada por el general Álvaro Obregón en la esquina de las calles No Reelección y Sufragio efectivo. Sin embargo, era privilegio de pocos…

Indudablemente que en el devenir histórico de la ciudad y del municipio, junto a los nombres de personajes sobresalientes, prevalecen, también, las manos anónimas de los trabajadores, entre ellos los barriqueros, leñeros, albañiles, carpinteros, zapateros remendones, talabarteros, sastres, costureras, comerciantes, pintores rotulistas y de brocha gorda, peones de diferentes actividades, labradores que sembraron su sangre y sus almas en las parcelas pródigas del Valle, que no les pertenecían pero que amaban y hacían producir como propias.

Son estas las historias que también deben conocer y beber como un rayo de luz para su conciencia histórica, las presentes y nuevas generaciones. Las que están obligadas a conocer la raigambre, las luchas y el destino de sus comunidades, y fundamentalmente, el impulso y la voluntad de quienes abrieron camino hasta llegar a este 2020, con vocación de trascender, sin olvidar la conjugación de humildad y visión de futuro, que moldeó el barro de la gente, dándole forma, vida e historia a Cajeme…

(Fotocopias de recibos por pago de placas y concesión de pozo, realizadas por don Domingo García, proporcionadas por su nieto Gustavo Cárdenas García, ex integrante de la mesa directiva de Canaco Obregón.- Foto de edificios en proceso de demolición.- Pintura al óleo “barriquero” de J. Arnoldo Elenes).

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