Estar bien plantado, evitar que la fama se suba a la cabeza, «subirse en un tabique», creer que tengo autoridad para decir tal o cual cosa aún cuando lastime o desacredite, y que además que todos entiendan lo que digo, lo acepten, son situaciones que viven algunas personas que han creado una imagen personal, o una marca, por alguna habilidad desarrollada y han tenido éxito, sin embargo como seres humanos  hacemos «Dioses», idolatramos y ponemos en pedestales muy altos a personas tan imperfectas como cualquiera de nosotros. Estar frente un programa de Televisión, de radio, tener un micrófono en algún evento, y los reflectores puestos en uno, es una gran RESPONSABILIDAD, cuidar el lenguaje, hablar con objetividad, sin dejar salir verborrea, que sale de una mente encendida, pensando que los demás deban entender lo que pienso, aún cuando no sea algo que aporte, sino al contrario, es ser incongruente. 

En días pasado la escritora «Elena Poniatowska» se convirtió en trending topic, por haber expresado con un calificativo desagradable a las mujeres de Juchitán, Oaxaca: «Panzonas inmensas», y repito desagradable, ella que se suma a las filas en contra de todas las atrocidades que sufre la mujer, ella que se suma a la lucha de género, que es leída y admirada por muchos, teniendo foro y puertas abiertas, criticando al sistema, viviendo como capitalista, rica y bien, con titulo nobiliario, hace una crítica y da el calificativo de como ve a MI GENTE, desconociendo el porqué viven así, sin saber lo que sufre una mujer allá  y por las carencias en las que se desarrolla su vida, si toman demasiada cerveza para «la calor», o para ahogar una pena, mujeres que  saben de hambre, de vivir al día y soledades.

Los usos y costumbres de un México lleno de tradiciones, con gente morena, gente buena como lo es la de nuestros pueblos, gente que habla dialecto y que no escribe libros sino historias y vivencias, que nos llevan a vivir un realismo mágico que pocos entienden, gente que se reconstruye día a día, y que es olvidada por la gente leída, instruida, y que vive en las grandes ciudades siendo capaz de descalificarlas.
Estoy segura que a muchos mi columna les molestará, y que usted querido lector tiene la última palabra, pero creo que con la edad ganamos muchos derechos, con los premios, logros y éxito también, solo que a lo que no tenemos derecho es a descalificar a otra mujer como usted o como yo que nacimos y vivimos en condiciones diferentes, unas tuvimos la oportunidad de ir a la escuela y llegar a la Universidad, y a otra las vida les negó esa oportunidad.

Hay que evitar los dobles mensajes, y jugar con las emociones de las personas, exigiendo que entiendan «lo que digo», solo debemos respetar la DIGNIDAD de las personas, que es algo sagrado que por derecho tienen. 

«El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice» Aristóteles.

Hasta Pronto!!   

GABY OLIVERA

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