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La defensa de la capa de ozono ayuda a reducir el calentamiento global

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Visualización de la capa de ozono sobre la Antártida en septiembre de 2019. Los colores púrpura y azul muestran las áreas de mayor reducción de la capa de ozono.

El lema de este año del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, “32 años de recuperación”, celebra las más de tres décadas de cooperación internacional bajo el Protocolo de Montreal en la lucha por la protección de esa zona de la estratosfera terrestre. Asimismo, nos recuerda que debemos mantener el impulso para garantizar un planeta saludable.

El Secretario General de la ONU advirtió este lunes que, tras un año en el que estamos registrando olas de calor sin precedentes, tormentas extremadamente virulentas y alteraciones climáticas diversas, no se puede contemplar otra opción que no sea la de actuar de inmediato.

António Guterres destacó que esta actuación puede lograrse la semana que viene cuando los líderes mundiales se reúnan en la sede de la ONU en Nueva York durante la Cumbre sobre la Acción Climática que busca “generar un aumento masivo de la ambición mundial” para enfrentarnos a la actual situación de emergencia climática.

“Al prepararnos para esa reunión crucial, debemos recordar que el Protocolo de Montreal es tanto un inspirador ejemplo de cómo la humanidad es capaz de cooperar para hacer frente a un desafío mundial como un instrumento clave con que responder a la actual crisis climática”, destacó con motivo del Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono.

Guterres recordó que el tratado ha servido durante más de tres décadas para que los países disminuyan drásticamente el uso de productos químicos que desgastan la capa de ozono, utilizados principalmente por la industria de la refrigeración.

A consecuencia de ello, paulatinamente se está recuperando la capa de ozono que nos protege contra las radiaciones ultravioletas perjudiciales procedentes del sol.

El siguiente combate

Del mismo modo, afirmó que el Protocolo puede ser efectivo en la reducción de los hidrofluorocarbonos, unos potentes gases que todavía se usan en los sistemas de refrigeración, mediante su Enmienda de Kigali, cuya plena implementación puede reducir el calentamiento global a fines de este siglo hasta 0,4 grados centígrados.

“Ahora que la industria se ocupa de rediseñar los aparatos electrodomésticos para sustituir los hidrofluorocarburos, también es fundamental aumentar la eficiencia energética de esos aparatos a fin de reducir todavía más sus efectos sobre el clima”, remarcó.

A la vez que felicitó a las ochenta y una naciones que ratificaron la Enmienda, animó al resto de países a seguir la misma senda y a vigilar la amenaza que supone el uso ilegal de gases que agotan la capa de ozono.

“La reciente detección de emisiones de uno de estos gases, el CFC-11, nos recuerda que necesitamos sistemas continuos de vigilancia y la presentación de informes, así como mejores reglamentos y una aplicación más eficaz de la ley”.

PNUMAEmisión de gases contaminantes en la atmósfera. 

Enfriar la atmósfera

El Secretario General también recordó la necesidad de que todas las naciones impulsen planes nacionales de acción para lograr el enfriamiento “eficiente y sostenible” de la atmósfera y que, al mismo tiempo, sirvan para facilitar servicios esenciales para la conservación de la vida, como vacunas y alimentos inocuos para todas las personas.

“Exhortamos a que se adopten medidas concretas y se intensifique la labor de la industria. El liderazgo de las principales empresas mundiales es esencial para hacer realidad esa visión”.

Por último, recordó que mantener una capa de ozono y un clima “saludable” son básicos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

La última evaluación científica sobre la reducción de la capa de ozono realizada en 2018 mostraba su recuperación a una tasa del entre el 1 y el 3% desde el año 2000 y, a la velocidad actual, el hemisferio norte y el ozono en latitudes medias están programados para sanarse completamente en la década de 2030, seguido por el hemisferio sur en la década de 2050 y en las regiones polares para el 2060.