Después de varios desencuentros entre la muy variopinta dirigencia del movimiento No al gasolinazo en Sonora, el sábado sostuvieron una reunión en la que de uno y otro grupo vetaron la presencia de ciertos ‘líderes’.

De una parte se negaban a admitir la presencia de María Dolores Rodríguez Tepezano, Hermes Ceniceros y Patricia Duarte; del otro, la de Alfonso Canaan y un par de mujeres abiertamente identificados con el PAN. Finalmente la reunión se llevó a cabo y acordaron convocar a la marcha de ayer domingo. El mediador fue Jesús Romo, perteneciente a Movimiento Ciudadano.

Pero saliendo de esa reunión, el grupo conocido como «de la caseta», en el que aparecen los primeros tres mencionados líneas arriba, realizó una consulta en redes sociales tras la cual decidió cancelar la marcha. La división, que se venía gestando desde hace unas semanas y que se manifestó más claramente el martes y jueves pasados, en el Congreso local, donde chocaron abiertamente, tuvo sus efectos notorios.

Para el domingo, poco menos de 200 personas acudieron a la convocatoria de los que hoy se hacen llamar algo así como ‘El pueblo unido contra el gasolinazo’, una agrupación que ni representa al pueblo, ni está unida, ni va contra el gasolinazo, pues el eje central de sus arengas durante la mini marcha del domingo fue el alcalde de Hermosillo, Manuel Ignacio Acosta.

El motivo original de la protesta se ha difuminado entre consignas de largo alcance como la renuncia del presidente de la República y la abrogación de sus reformas estructurales, e inmediateces de temas domésticos como el alumbrado público y los incrementos a tarifas de agua potable, sin contar cosas como el mercado de mariscos en Guaymas y el tema de los recolectores de Basura en Cajeme.

De acuerdo con información disponible, se suponía que el PAN apoyaría la manifestación de ayer enviando camiones con gente desde los municipios que gobierna, sobre todo Guaymas, Puerto Peñasco y Navojoa, pero algo pasó porque al final, la convocatoria fue precaria y dimensionó en sus justos términos el apoyo ciudadano a un movimiento que sus improvisados liderazgos (por no decir que esos pequeños Frankestein que el panismo se ha empeñado en ataviar de ‘líderes sociales’), se encargaron de encapsular en sus fobias personalísimas. El movimiento simplemente les quedó grande.

Sus flacas entendederas, especialmente del puñado de filopanistas que mantienen una ‘toma’ del Congreso del Estado, apenas les da para incorporar una nueva consigna en medio de sus extravíos: la de impedir el paso al inmueble a periodistas que desde su punto de vista, han ‘denostado’ el movimiento.

Hay que hacer un poco de memoria para acercarnos a los ‘por qué’ del fracaso de este movimiento.

Antes de que se convocara a movilizarse contra el gasolinazo, un grupo de filopanistas y cercanos a Movimiento Ciudadano convocaron a un par de manifestaciones contra la concesión del mantenimiento del alumbrado público y las tarifas de agua en Hermosillo. A esas concentraciones acudió muy poca gente, una veintena, quizás.

Por alguna razón, sus demandas no tuvieron eco entre la población; una población, hay que decirlo, usualmente apática a las marchas y plantones.

Pero luego vino el gasolinazo y la oleada de indignación ciudadana en todo el país. Fue otra gente la que convocó a manifestarse en contra, y el movimiento comenzó a levantar, llegando a convocar a unas cinco mil personas en su mejor momento.

Entre los convocantes a esas primeras manifestaciones se encuentran Rosa María O’Leary, una respetable señora, activista de diversas causas sociales desde la década de los 90 y con sobrada solvencia moral y política, a la que no le hace nada el haber sido candidata externa del PRD, a una diputación federal hace varios años. También Patricia Duarte, que nació al activismo en medio del dolor de madre en la lucha por justicia tras el incendio en la Guardería ABC.

Hubo otros que se hicieron presentes en las manifestaciones, identificados ciertamente con Morena, con el PAN y con Movimiento Ciudadano.

Para ese entonces, aquellos que no habían logrado convocar más de un centenar de inconformes con el tema del alumbrado público y las tarifas de agua, se montaron en el movimiento, que realmente estaba reuniendo a miles de ciudadanos legítimamente encabronados con las políticas de Peña Nieto en materia de energéticos.

Y esos filopanistas, sin más representación que la de sí mismos y de algunos personajes tan siniestros como Javier Dagnino, se asumieron líderes morales de la pureza redimida y la virginidad política.

Y comenzaron a increpar a otros, como David Figueroa Ortega, del PAN, que una vez fue expulsado de una manifestación, o Juan José Lam, diputado del PRD que por cierto está más identificado con el padrecismo que con el perredismo, pero ya en la bola, ni se supo. También cuestionaron a Jorge Tadei y María Dolores Rodríguez Tepezano, por ser simpatizantes de Morena, aunque este partido como tal, en Sonora, tenga el acuerdo de no participar en estas movilizaciones, más ocupado como está en tareas de organización interna rumbo a 2018. O al diputado Carlos León, de Movimiento Ciudadano.

A todos ellos los echaron en el mismo costal del oportunismo político, engañados como estaban, y siguen estando, con la idea de que el pueblo entero está tras de sus liderazgos; unos liderazgos, hay que repetirlo, bastante extraviados y completamente huecos, como quedó de manifiesto en la marcha de ayer.

Al final de la jornada, del movimiento que inició como ‘No al gasolinazo’, a duras penas quedan los mismos 20 o 30 que fracasaron en sus intentos por levantar la movilización ciudadana en los temas de alumbrado público y agua potable, y que pensaron que los miles que salieron a las calles para protestar contra el incremento a las gasolinas eran su base de apoyo y los seguirían hasta el final.

Sueño guajiro. La gente rápidamente se dio cuenta de la clase de rufianes y ocasionados que en estos días pernoctan en el Congreso del Estado, y simplemente los dejo solos, rumiando sus fobias y sus filias, que por cierto nada tienen que ver con los motivos que hicieron tomar las calles a miles hace un par de semanas.

Ignoro cuál será la agenda de ‘los de la caseta’ después de la mini marcha de ayer, a la que le hicieron el vacío, como se lo hizo el resto de los hermosillenses.

La agenda de la delegación «Cruz del norte», como comienza a ser conocido el grupo que mantiene «tomado el Congreso» (risas grabadas) sigue errática entre negar el acceso a periodistas al recinto legislativo, y no confrontarse con empresarios expendedores de gasolina, ya que entre ellos se encuentran algunos de apellido Dagnino y sería tanto como morder la mano de quien les manda pizzas y frutsis para mantener su combativo plantón (más risas grabadas).

Epílogo

Buena parte de las impugnaciones y la antropofagia con que se fueron acabando entre sí los liderazgos de este movimiento, tenían como premisa evitar el posicionamiento de algunos personajes, rumbo a las pizcas electorales de 2018, que en realidad comienzan este año.

La gran paradoja estriba en esa oferta electoral que pudieran tener estos personajes que dilapidaron de fea manera la oportunidad de asumirse vanguardia de la indignación popular, y terminaron reciclando lastimosamente frustraciones y traumas de terceros. Y con esto me refiero a la delegación «Cruz del norte» que se mantiene en el Congreso.

De los otros, donde hay personas más serias, confieso que es un enigma su agenda, toda vez que, como dijo el Perro Bermúdez, la tuvieron, era suya, y la dejaron ir…

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