Es evidente la pésima conducción del país en lo económico y lo político, por parte de Enrique Peña Peña, Videgaray, Osorio Nieto, apoyado por sus asesores de cabecera, Luis Videgaray Caso y Miguel Ángel Osorio Chong, ambos presidenciables.

El ex secretario de Hacienda y ahora poderoso canciller de Relaciones Exteriores, es una especie de dios Midas, porque los espacios donde actúa se cargan de conflictos para los demás, pero con saldos positivos para sus ambiciones políticas. ¿Acaso ha fijado una posición clara en el caso Trump?

Su influencia en la personalidad gris del presidente Peña Nieto, es tan fuerte y dominante que, en un momento clave para la vida del PRI y del Gobierno Federal -las elecciones intermedias de junio del 2016- lo convenció en deshacerse, mediante una estrategia bajuna, de Manlio Fabio Beltrones, preparándole, con el apoyo de Osorio Chong, una emboscada callejera desde el tejido electoral.

A pesar de que los tres sabían las consecuencias a posteriori de sus movimientos tácticos, confiaban en que al paso de los meses el río revuelto de la política volvería a retomar su cauce y podrían depositar en el Mandatario el control absoluto del tejido político del tricolor, apelando a que, ante este tipo de golpes no hay reacciones, porque son definitivos, ya que asíManlio renuncia a dirigencia han caído otros prohombres del priísmo.

Pero la citada trilogía –Videgaray, Peña, Osorio-, menospreció la estatura del enemigo, creyendo que estaría aniquilado con la dramática derrota electoral del 6 de junio del año anterior, donde le regalaron al PAN siete gubernaturas y solamente dejaron para el PRI de Beltrones cinco; esto, previendo que no se sospechara de la mano palaciega en el ajuste de cuentas.

Nunca imaginaron que el sonorense se rebelaría con inteligencia y dominio del espacio político, que ha sido durante toda su vida su campo natural de batalla, combatiendo a sus cordiales enemigos con las mismas estrategias que en su contra nacieron desde Los Pinos.

Y, cierto. Manlio reaccionó sin violencia, entregando la dirigencia nacional del PRI, y sembrando con las frases claves de su renuncia («un tropiezo electoral, pero no derrota política», «se requiere una profunda reflexión de los resultados de los comicios», y parafraseando a Luis Donaldo Colosio «lo que los gobiernos hacen, sus partidos lo resienten») una semilla que arrojó luz en la conciencia de priístas y no priístas, alumbrando como una silenciosa denuncia los rostros de Videgaray, Osorio Chong y Peña Nieto, como autores del complot para quitar del camino a un sonorense, tal como lo hicieran grupos muy identificados, un 23 de marzo de 1994, contra otro priísta nacido en el terruño, Luis Donaldo Colosio. Aunque a éste lo asesinaron perversamente, sin conformarse con darle sólo «muerte política».

Anaya y Zepeda PAN Hoy, Manlio Fabio Beltrones Rivera, pese a la confabulación de fuerzas entre sus enemigos del gabinete y del PRI peñanietista, del PAN manejado por Ricardo Anaya y Damián Zepeda, y de algunos de sus coterráneos priístas que comienzan a asomar sus rostros reales y cibernéticos, les da una sorpresa y les dice que no está de rodillas, y ante esa fortaleza se le extiende, nuevamente para desactivarlo, una invitación buscando que se incorpore a la estructura del Gobierno de la República.

Cierto, por la personalidad y hechura de Manlio, su ubicación podría ser en la Secretaría de Gobernación, desde donde mataría dos pájaros de un solo tiro: Sacar del juego al también presidenciable Osorio Chong, haciéndole pagar su traición partidista. Y manejar desde Bucareli, no solamente al PRI, sino el entramado político del país.

No obstante, ya estando inmerso en el organigrama oficial de Peña, Videgaray y del poderoso grupo que les mueve los hilos, éstos no dudarían en darle el simbólico tiro de gracia, porque con la primera emboscada lo dejaron peligrosamente vivo.

¿Qué decidirá Manlio?

Quizás continúe tejiendo el contrapeso del PRI que se opondrá, en su momento, al PRI secuestrado.

Le saludo, lector.