Hace 211 años, en lo intrincado de la sierra oaxaqueña, nació Benito Juárez García, indio zapoteco, de piel color de tierra, pero de ideas claras, como la libertad.

Benito Juárez García Hace 211 años, en la humildad de una choza herida por los vientos fríos -remanentes de la transición hacia la primavera-, lanzó su primer grito por la vida, un pequeñito indefenso, que luego perdió a sus padres y que el destino comenzó a forjarlo no en escuelas, ni en el cuidado de sus mayores, sino en el trabajo rural, aprendiendo desde esa tierna infancia el idioma de las aves, la voz de ríos y arroyos, el murmullo nupcial del aire en el follaje de las arboledas.

Juárez era un hombre con el rostro de los paisajes de México, como todos los indios de mi Patria. Por dentro traía mil voces. Y las imágenes de sus antepasados y de los desheredados de selvas, montañas y cañadas, se multiplicaban en su cara impasible y en el ideal que aprendió del horizonte, del cielo infinito, de la sierra interminable, la que se volvía parte de su sangre y se le convertía en rayo para construir la historia y abrir los caminos del nacionalismo, la igualdad, la justicia.

Es, sin duda, apasionante el recorrido humano de Juárez.

Su fe granítica en el hombre. Su decisión por aprender y crecer en el tejido social y político de su tiempo. Su pasión porBenito Juárez García 2 dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, derrumbando bronces tutelares. Apartando los bienes del Estado y de la Iglesia, en épocas en que la soberbia gobernaba desde los altares.

Juárez, fue defensor sin treguas de la legalidad republicana. Colocó la primera luz de la democracia en el corazón de México. Desde la sierra de Oaxaca, desde su corazón de indio, desde la humildad más desesperante, desde el hambre, el abandono, la miseria, trajo su ideal a cuestas, hasta depositarlo en el corazón mestizo de los mexicanos, para demostrar que cuando el hombre quiere, puede.

El quiso ser presidente de la República, y lo fue.

Hoy, muchos políticos solamente lo invocan por conveniencia y necesidad de los tiempos. Otros, pretenden ignorarlo. Pero eso sucede entre el tejido opaco de una clase en extinción, porque la doctrina de Benito Juárez García, vive, arde, vibra en el alma de los mexicanos.

En el aniversario 211 del natalicio del Indio de Guelatao, le regalo una Invocación a Juárez, que publiqué por primera vez hace 32 años:

I

Has de llegar,

sencillo y renovado, con la brisa de marzo.

Un galope de ideas te presagian, y el tambor tutelar

de nuestra raza

acribilla la noche, golpea con su voz limpia y profunda,

marca el ritmo preciso de tu nombre de tierra.

II

Has de llegar porque haces falta.

Porque hay quienes intentan clausurarnos tu palabra,

exhibirte en las torres como un triste fantasma,

y gritar que no existes. que te has muerto completo,

que tu luz ya no alumbra,

que se han dado los tiempos de abrir los cartabones,

de lucir las sotanas, de clavar en el pecho del hombre

brillantes crucifijos.

III

Has de llegar,

como un torrente de voces desatadas.

Y tu figura enhiesta, con alta dignidad, con gesto firme,

definirá los rumbos de la Patria,

sacudirá la cúpula y sus bronces,

para que caiga la acuosa falsedad,

las prédicas amargas.

IV

Has de llegar,

abuelo, padre, hermano,

Benito de la luz y la esperanza.

Juárez del testimonio ciudadano,

celoso defensor de la justicia,

agitando los textos del Derecho,

exigiendo ante todas las conciencias

que no se pisotee la sangre derramada.

Y pondrás de nuevo en su lugar

a aquellos que se escudan en el dogma,

a quienes mediatizan y engañan,

a quienes hablan de amor y paz y caridad

y azuzan a los hombres a la lucha

con ciegos latidos de rencor,

con bendecidos golpes celestiales.

V

Benito de la luz y la esperanza.

Juárez del testimonio ciudadano.

Ven.

Aquí florece tu semilla.

Aquí se alza incólume tu espiga.

Y no permitiremos

que pase la ignominia.

Tú eres nuestro guía.

El faro singular.

El rompeolas.

La antorcha sustantiva y permanente

que apartará las sombras,

que mostrará el camino.

Enséñanos de nuevo tu entereza.

Queremos construir, junto contigo,

la paz y la igualdad y la justicia.

Abuelo, padre, hermano ven,

que la noche se acerca

y crepitan sus dientes subterráneos.

No deberán llorar las cicatrices.

Es necesaria la canción del pueblo.